Sri Chaitanya Bhagavata. Madhya-khanda. Capítulo 8 (primera parte)

Madhya-khanda

Capítulo ocho

Mahaprabhu muestra Su opulencia

 

Todas las glorias al amado Señor Gaurasundar, quien es muy querido para todos, especialmente para el Señor Nityananda y Advaita Acharya Prabhu.

Él es la vida y alma de Sri Jagadananda y Srigarbha, y es el más precioso tesoro para Pundarik Vidyanidhi.

Todas las glorias al Señor Chaitanya, el Señor y amo de Jagadish y Gopinath. Todas las glorias a todos los asociados del Señor Chaitanya.

Junto con Nityananda Prabhu, el Señor Chaitanya continuó realizando maravillosos Pasatiempos en Nabadwip. Advaita Acharya, así como todos los demás Vaisnavas, lo asistían en Sus Pasatiempos. Juntos ejecutaban un gran kirtan y bailaban con éxtasis mientras cantaban continuamente el Santo Nombre del Señor Krisna.

Mientras Nityananda Prabhu permanecía en casa de Srivas Pandit manifestaba el humor de un niño. Él ni siquiera comía con Sus propias manos y Malini lo alimentaba como a su propio hijo. La casta Malini conocía bien las glorias de Nityananda, por lo tanto, lo servía tal como una madre sirve a su hijo.

Un día, el Señor Chaitanya empezó a hablar con Srivas Pandit acerca de temas relacionados con la Conciencia de Krisna. Deseando probar a Srivas, le preguntó:

«¿Por qué alojas y mantienes a este avadhut en tu casa? ¡No sabes nada acerca de Él! ¿Quién es? ¿De dónde proviene? ¿Cuál es la procedencia de Su familia? Te advierto que estás siendo demasiado indulgente y bondadoso con Él. Si deseas mantener la buena reputación de tu familia en la sociedad, entonces debes de inmediato echar fuera de tu casa a este avadhut».

Srivas Pandit sonrió y dijo: «Oh, Señor, no es correcto para Ti que me pruebes de esta manera. Sé que Nityananda Prabhu es Tu expansión. Tú eres el Señor Supremo y no hay diferencia entre Ti y el Señor Nityananda. Soy tu sirviente y quienquiera que te sirve se vuelve mi amo. Incluso si el Señor Nityananda fuera un borracho comedor de carne y si por asociarme con Él yo perdiera mi reputación, riqueza y todo, a pesar de eso, te digo sinceramente que nunca pensaría en otra cosa que ocuparme en servirle y servir a Sus pies de loto».

Escuchando a Srivas Pandit hablar de esta manera, el Señor se levantó y rugió fuertemente con gran dicha: «¿Qué acabo de escuchar de ti, Srivas Pandit? ¿Tienes tanta fe y amor por Nityananda Prabhu? Tú has entendido la verdad acerca de Mi más querido asociado confidencial. Esto me complace tanto que te otorgo esta bendición. Incluso si llega un momento en que Laksmi Devi, la Diosa de la Fortuna, se vea forzada a vagar con una vasija para mendigar, no obstante eso, tu casa nunca conocerá los escalofríos de la miseria. Todos en tu casa, incluyendo tus perros y gatos domésticos, encontrarán completo refugio en el servicio devocional a Mí. Por lo tanto, dejo al Señor Nityananda bajo tu cuidado de modo que te encargues de Él y le sirvas apropiadamente». Diciendo esto, el Señor regresó a casa.

El Señor Nityananda pasaba Su tiempo paseando por Nabadwip. A veces, iba al Ganga para nadar y felizmente dejaba que la corriente lo arrastrara. En otras ocasiones, jugaba con los pequeños actuando Él Mismo como un niño. Él visitaba las casas de Gangadas Pandit y Murari Gupta, y luego corría a la casa del Señor Chaitanya donde Madre Sachi lo amaba. Absorto en el humor de un niño, el Señor Nityananda intentaba atrapar los pies de Sachi y ella siempre trataba de escapar de Él.

Una noche, Madre Sachi tuvo un sueño, el cual más tarde le relató confidencialmente al Señor Vishvambhar. «Ya muy noche, soñé que te vi a Ti y a Nityananda. Los dos tenían cinco años de edad, y corrían jugando y peleando. Vi que los dos entraban al cuarto de la Deidad y que luego salían, Tú con la Deidad del Señor Balaram en las manos, y Nityananda con la Deidad de Krisna en las Suyas. Luego empezaron a pelear los cuatro de ustedes, uno con el otro.

»Balaram y Krisna estaban enojados y les dijeron a Ustedes: “¡Ey! Ustedes, engañadores, impostores, salgan de aquí. Esta casa y este cuarto nos pertenece, y todo lo demás: los dulces, el requesón y la leche son Nuestros”.

»Nityananda contestó: “Esos días en que robaban mantequilla y requesón para Ustedes, ya pasaron. Ya no son pastorcillos de vacas. Ahora se han vuelto bráhmanas, así que abandonen Su sentido de posesión por estos dulces, yogurt y leche. Si no escuchan Nuestras dulces palabras de persuasión, entonces los convenceremos con una paliza. ¿Quién va tolerar Su hurto y Sus travesuras?”

»Balaram y Krisna respondieron: “Los atraparemos, impostores, y los dejaremos aquí atados. ¿Quién nos culpará de esto si Ustedes van contra los deseos de Krisna?”

»Entonces el Señor Nityananda Prabhu contestó: “¿Quién le teme a Su Krisna? Mi Señor y Amo es Vishvambhar”.

»Los cuatro pelearon de esa manera entre Ellos, arrebatándose de las manos y la boca los dulces y comida, y tomándolos para sí. Nityananda gritó: “Madre, trae Mi comida. Estoy muy hambriento”.

»Después, me desperté, pero no pude entender nada de ese sueño. Por lo tanto, te lo cuento».

Escuchando la descripción del sueño de Madre Sachi, Vishvambhar sonrió y le habló a ella cariñosamente. «Ese sueño que tuviste fue muy maravilloso, madre, pero no se lo cuentes a nadie. Nuestras Deidades realmente están vivas y son muy poderosas. Tu sueño ha incrementado y fortalecido Mi devoción y fe en Ellas. Es interesante que hayas soñado esto, ya que Yo había estado observando algo extraño, lo cual no te revelé antes debido a que Me sentía avergonzado. Noté que los alimentos que tu nuera cocinaba y ofrecía a Sus Señorías, Balaram y Krisna, quedaban medio mordidos después de que la ofrenda terminaba. Yo sospechaba de Mi esposa, pero ahora todo se ha aclarado.»

Visnupriya, Sri Laksmi Devi, la Madre del universo, escuchó los detalles del sueño de Madre Sachi, desde los cuartos interiores y sonrió con las palabras de Su esposo.

Vishvambar dijo: «Madre, déjame ir y traer ahora mismo a Nityananda para que lo alimentes». Feliz de escuchar eso, Sachimata rápidamente empezó a prepararse para cocinar.

Vishvambar fue a buscar a Nityananda y le hizo una invitación, junto con una advertencia: «Hoy, estamos haciendo una ofrenda especial a las Deidades, así que, por favor, no te portes mal». Nityananda se agarró las orejas y exclamó: «¡Visnu! ¡Visnu! ¿Quién hace que las personas se porten mal? Tú piensas que Yo me porto mal debido a que crees que todos son como Tú». Bromeando de esta manera, salieron hacia la casa de Vishvambar, absortos en hablar de Krisna.

Al entrar a la casa, recibieron agua para lavar Sus pies y luego se sentaron uno cerca del otro, rodeados de Gadadhar Pandit y otros amigos. Sentados de esta manera, Nityananda y Vishvambhar lucían exactamente como Ramachandra y Laksman sentados en la casa de Su madre. El humor y el afecto del uno por el otro eran idénticos, pues Ellos son las mismas Personas.

Madre Sachi se sintió muy feliz, y emocionada se apresuró a servir platos llenos de prasadam para Ellos dos. Cuando regresó encontró dos niñitos de cinco años en el lugar donde Vishvambhar y Nityananda se habían sentado. Uno de los niños tenía un color negruzco y el otro era muy blanco. Ambos eran espléndidamente hermosos, y ambos no llevaban ropa. Uno de Ellos tenía cuatro brazos, los cuales sostenían la caracola, el disco, la maza y el loto. Su pecho estaba marcado con el Srivatsa, la brillante joya Kaustubha colgaba de Su pecho y hermosos aretes en forma de pez colgaban de Sus orejas. El otro niñito llevaba el arado y la maza. Ella también vio a su nuera, Visnupriya, situada sobre el pecho de uno de los niños. Apenas la vió, esta maravillosa escena se desvaneció.

Madre Sachi se quedó inmóvil, paralizada por el éxtasis mientras lágrimas rodaban de su rostro y mojaban su vestido. Toda la comida se desparramó aquí y allá cuando Sachimata cayó al suelo y quedó inconsciente.

Vishvambar fue corriendo a lavarse las manos y la boca, luego corrió para revivir a Su madre. Levantándola, dijo: «¡Madre! ¡Madre! Por favor, levántate, tranquilízate y contrólate. ¿Por qué repentinamente caíste?»

Madre Sachi, al recobrar la conciencia, rápidamente ató su suelto cabello. Sin decir palabra, fue al interior de su cuarto y empezó a llorar. Ella estaba rebosante de amor extático por Krisna y nada más le importaba. Su respiración llegaba en grandes suspiros y su cuerpo temblaba de cabeza a pies.

Mientras tanto, el sirviente, Ishan, limpió el comedor. Recogió los remanentes de comida que se habían esparcido por el piso y se los comió todos. En verdad, Ishan era muy afortunado pues todos los días llevaba a cabo esas maravillosas actividades. Con todo, el permanecía como un simple sirviente, de manera que nadie se enteraba que diariamente percibía la verdad trascendental más elevada.

El Señor Gaurachandra, junto con Sus devotos, continuó llevando a cabo el canto en congregación del Santo Nombre en Nabadwip. Aunque los eternos asociados del Señor habían aparecido en diferentes partes de Bengala, gradualmente, en pequeño número, empezaron a llegar a Nabadwip. Allí, pronto descubrirían que el Señor Supremo había aparecido. Disipando el temor de los devotos y llenándoles el corazón con dicha, el Señor Vishvambar se manifestó ante ellos como la Suprema Personalidad de Dios.

Para el Señor, Sus devotos le son tan queridos como Su propio corazón, de manera que esa Suprema Personalidad quien es intensamente buscada a lo largo de la literatura védica, se relacionaba sin reservas con ellos. Los abrazaba a todos con tanto afecto que cada uno se sentía como si hubiese sido el más prominente de Sus asociados.

El Señor regularmente iba a las casas de Sus discípulos, donde les mostraba Su forma de cuatro brazos.Visitaba a Gangadas Pandit o a Murari Gupta, y, en otras ocasiones, a Srivas Pandit. Sin embargo, todo el tiempo Su constante acompañante fue Nityananda Prabhu, de quien no soportaba estar separado. Nityananda Prabhu siempre estaba absorto en el humor juguetón de un niño, y Vishvambhar sin reservas reciprocaba con Él en el mismo espíritu.

Conforme a su particular fe, diversos devotos vieron aparecer ante ellos al Señor Chaitanya en diferentes Encarnaciones: Matsya, Kurma, Varaha, Vamana, Nrishimha, etc.

Algunos días, el Señor se absorbía en el humor de las gopis y lloraba constantemente, ajeno al paso del tiempo. Otros días, se sentía como Uddhava, o como Akrura, mientras que en otras ocasiones se sentía como el Señor Balaram y pedía que le trajeran vino. A veces, estaba lleno con las emociones del Señor Brahma y empezaba a cantar himnos, cayendo al suelo. Otras veces, con sentimientos como los de Prahlad, ofrecía oraciones al Señor Supremo. De esa manera, el Señor Chaitanya saboreaba y flotaba en diversas olas de éxtasis devocional.

Observando la felicidad de su hijo, Madre Sachi se sentía extremadamente feliz, sin embargo, un terrible pensamiento interrumpía su alegre humor: «¿Qué será si mi hijo se va de la casa?» Desechando esos desagradables pensamientos, ella decía: «Querido hijo, ve y toma Tu baño en el Ganga».

«Madre, por favor, canta los Santos Nombres, Krisna, Rama». En cada conversación con Su Madre, el Señor simplemente respondía con una palabra: Krisna.

Estos súper excelentes y trascendentales Pasatiempos del Señor son todos inconcebibles. No pueden ser entendidos por ninguna cantidad de cálculo material.

Un día, un errante devoto del Señor Shiva pasó cantando las glorias de su Señor, mientras bailaba alegremente dando vueltas y vueltas. Escuchando el canto del shivaita, Sri Chaitanya apareció repentinamente en la forma del Señor Shiva, con el cabello de Su cabeza enmarañado y apelmazado. Saltando a los hombros del cantor, gritó fuertemente: «¡Yo soy Shankara! ¡Yo soy Shankara!» La gente miraba con asombro mientras el Señor iba encaramado sobre los hombros del devoto. Mientras el shivaita continuaba soplando un cuerno y tocando un pequeño tambor, el Señor lo animaba a que continuara cantando.

Ese día, el afortunado devoto del Señor Shiva recibió todo el beneficio de glorificar puramente, sin ofensas, al Señor Shiva. El Señor Supremo, Gaurasundar, se había sentado sobre sus hombros.

Recobrando la normalidad, el Señor se bajó de los hombros del shivaita y ofreció personalmente limosna. El devoto cantor se fue, sintiendo extrema gratitud y satisfacción. Los devotos sirvientes del Señor Gauranga gritaron con alborozo el Nombre del Señor Hari, al experimentar una oleada de éxtasis devocional en la compañía del Señor.

El Señor dijo: «Hermanos Míos, por favor, escuchen la esencial conclusión de todas las Escrituras. ¿Por qué deberíamos desperdiciar nuestras noches en actividades inútiles? Tomemos una firme resolución a partir de hoy de pasar nuestras noches ocupados en la más propicia de las actividades, el canto del Nombre del Señor. Por llevar a cabo el canto congregacional del Nombre, nos sumergiremos en un diluvio de éxtasis devocional como el efusivo torrente de Ganga Devi. ¡Que todo el mundo sea liberado al escuchar el Santo Nombre! De esa manera, ¡ustedes serán en un dador de vida espiritual y un amado tesoro para todos!»

Las palabras del Señor infundieron gran alegría en el corazón de todos los Vaisnavas —el Señor había empezado Sus Pasatiempos de kirtan—. Cada noche, el Señor se reunía con los devotos en la casa de Srivas Pandit y llevaba a cabo un kirtan. Algunos días, también se reunía con ellos en la casa de Chandrasekhar. Eran tantos devotos, los queridos sirvientes del Señor, los que asistían a esas reuniones de kirtan, que no es posible recordar los nombres de todos ellos.

El Señor Nityananda estaba allí con Gadadhar Pandit, Advaita Acharya, Srivas Pandit, Vidyanidhi, Murari, Hiranya, Haridas Thakur, Gangadas, Vanamali, Vijaya, Nandana, Jagadananda Pandit, Buddhimanta Khan, Narayana, Kashishwar, Vasudeva, Raman, Garudai, Govinda, Govinda-rama, Gopinatha, Jagadish, Sriman, Sridhar, Sadashiva, Vakreshwar, Srigarbha, Suklambara, Brahmananda, Purushottama, Sañjaya y otros. El Señor siempre estaba rodeado de estos devotos quienes siempre lo acompañaban en el kirtan y el baile.

Los extáticos y estruendosos rugidos y el fuerte kirtan alcanzaron los límites del universo material.

Estos kirtanas inquietaron a los envidiosos ateos. Ellos saltaron de ira y profirieron una sarta de blasfemias: «Al anochecer, esa gente, tras una buena parranda de beber vino, aulla fuerte y baila salvajemente, y nos roba nuestro preciado sueño para toda la noche. Esos impostores atraen mujeres para ellos mismos con sus hipnóticos encantamientos y disfrutan con ellas la noche entera».

Esos ateos se consumían en su propio fuego de odio, sin embargo, el Señor Sachinandana, bailaba con gracioso entusiasmo.

Tan pronto como el kirtan empezaba, el Señor entraba en trance y no tenía conciencia del mundo fenoménico. Al bailar, caía al suelo con tan gran fuerza que la tierra temblaba y se agrietaba en muchos lugares. Los devotos lo miraban aturdidos de angustia. Mientras el suave cuerpo del Señor tocaba el suelo duro, Sachimata cerraba sus ojos e invocaba silenciosamente a Govinda para que protegiera a su hijo. Sachimata sabía que Nimai estaba en un trance espiritual, sin embargo, debido a su intenso amor por el Señor, experimentaba una gran agonía. No sabía cómo proceder, de modo que ansiosamente oraba al Señor: «Oh, Señor Krisna, por favor, concédeme este deseo, que yo no sepa nada cuando Nimai caiga al suelo. Por favor, Krisna, otórgame esta misericordia. Aunque para Nimai no existe dolor sino únicamente verdadera dicha, me sentiré feliz de permanecer inconsciente de todo esto».

El Señor Chaitanya, el Señor Supremo, conocía los deseos de Sachimata, de manera que, infundía éxtasis divino en ella. Tan pronto como el Señor Chaitanya hacía kirtan y bailaba, Madre Sachi entraba en un estado de profundo júbilo espiritual y desatendía este mundo material.

Sin cesar, el Señor pasaba los días con kirtan y un extático danzar rodeado de Sus seguidores. Muchos días, los devotos se reunían en la casa del Señor y empezaban un fuerte sankirtan, mientras el Señor se absorbía en bailar.

A veces, el Señor mostraba Su humor como el omnipotente Supremo Controlador. Luego, en otras ocasiones, lloraba con humildad diciendo: «Soy Tu sirviente».

¡Queridos lectores! Escuchen muy atentamente acerca de las transformaciones de amor éxtatico que se manifiestan en el Señor, las cuales son únicas a lo largo de todo el universo. Así como el Señor Gaurachandra bailaba en éxtasis, los devotos cantaban en éxtasis.

En días especiales, tales como Ekadasi, Dvadasi y los días de Aparición de los Visnu-tattvas, desde que amanecía el Señor Chaitanya juntaba a todos los devotos en casa de Shrivas Pandit y empezaba a encantar a todos con Su jubiloso baile. En la casa de Shrivas Pandit, esa alma tan afortunada, toda la atmósfera se inundaba de un melodioso tumulto de los Santos Nombres de Govinda y Gopala. Con los devotos reunidos se formaban diferentes grupos de kirtan.

Shrivas Pandit encabezaba un grupo; Mukunda, otro, y Govinda, otro más. Todos ellos cantaban y el Señor bailaba. Nityananda Prabhu, esa gran robusta personalidad, circundaba el baile del Señor, mientras Advaita Acharya furtivamente tomaba el polvo del suelo donde el Señor bailaba y lo ponía sobre Su cabeza. Gadadhar Pandit y todos los demás experimentaban divino regocijo y con ojos llenos de lágrimas miraban el Señor.

Escuchen ahora de cómo era llevado a cabo el kirtan que acompañaba el magnífico baile del Señor. A menudo el Santo Nombre era cantado con bhatiyari-raga.

El santo nombre de Govinda resonaba en todas las direcciones mientras Mahaprabhu se absorbía en el éxtatico baile con Sus asociados. Los devotos cantaban: «Hari, oh, Rama! ¡Hari, oh, Rama!»

El Señor Chaitanya empezaba a llorar durante el kirtan. Su llanto continuaba por lo menos por una hora.

Su largo cabello se desataba y se esparcía por todo el piso.

Solo un corazón de piedra podría permanecer indiferente a lo que veía. Los devotos caían al suelo, desmayados, tratando de acercarse al Señor.

Cuando el Señor empezaba a reír, estallaba en una eufórica y despreocupada risa, que por horas contagiaba a todos con extática alegría.  

El Señor Chaitanya estando sobrecargado del humor de servidumbre estaba inconsciente de Su propia divinidad.

Con exaltación, el Señor repetía: «Soy victorioso. Soy victorioso». Todos los devotos respondían lo mismo en coro.

A intervalos, el Señor cantaba tan fuertemente que eso sonaba como si el universo entero fuese a estallar.

A veces, se volvía más pesado que la Tierra y era imposible que alguien lo sostuviera. Luego, al siguiente momento, perdía todo Su peso. Repentinamente, era más ligero que el algodón y con júbilo era llevado por toda la casa sobre los hombros de los devotos.

El Señor entraba frecuentemente en un trance extático con la más leve provocación. Eso ponía a los devotos en ansiedad y ellos cantaban fuertemente en Sus oídos «¡Hari! ¡Hari!» con el fin de despertarlo.

Comentarios