El pensamiento es progresivo – Srila Bhaktivinod Takhur

Todas las Glorias a Sri Guru y Sri Gouranga.

El pensamiento es progresivo – Srila Bhaktivinoda Takhur 1ra Parte.

Extracto del libro: “El Bhagavata, su filosofía, su ética, y su teología” de Srila Bhaktivinoda Takhur (primera parte pp. 1-15), el cual anexamos disponible para descargar gratuitamente en PDF:
https://sadhusangamexico.files.wordpress.com/2016/02/1988-el-bhagavata1.pdf
“El Bhagavata, su filosofía, su ética, y su teología” de Srila Bhaktivinoda Takhur, Edicion en español: 1988 Editorial El Guardián de la Devoción. Editor: Srila Bhakti Kusum Ashram Maharaj
A todos nos gusta leer un libro que nunca antes hayamos leído. Estamos ansiosos de recabar cualquier información contenida en él, y una vez hecho eso nuestra curiosidad se termina. Esta forma de estudio prevalece entre un gran número de personas que se consideran grandes hombres en su propia estimación, así como también en la estimación de aquellos que son de su misma estampa. En realidad, la mayor parte de los lectores son tan sólo depósitos de hechos y declaraciones de otra gente. Sin embargo, eso no es estudio. El estudiante debe leer los hechos con miras a crear y no con el objeto de una retención vana. Al igual que los satélites, los estudiantes deben reflejar cualquier luz que reciban de los autores, y no aprisionar los hechos y los pensamientos tal como los magistrados aprisionan a los convictos en la cárcel.
El pensamiento es progresivo. El pensamiento del autor debe progresar en el lector en la forma de corrección o desarrollo. El mejor crítico es áquel que puede mostrar el desarrollo subsecuente de un viejo pensamiento; pero un simple denunciante es el enemigo del progreso y por consiguiente de la naturaleza. “Comiencen otra vez – dice el crítico-, porque la antigua doctrina no da respuestas actuales. Sepulten ya al viejo autor porque su tiempo ha pasado”. Éstas son expresiones triviales. El progreso es ciertamente la ley de la naturaleza, y deben existir correcciones y desarrollo con el avance del tiempo, pues progreso significa ir más adelante o ascender más alto.
Ahora bien, si vamos a seguir a los críticos tontos, retrocederemos a nuestras posiciones anteriores, haremos un nuevo intento y cuando estemos a la mitad, otro crítico igual volverá a gritar: “¡Comiencen de nuevo, porque van por mal camino!”. De este modo, nuestros estúpidos críticos jamás nos permitirán recorrer todo el camino y ver qué hay al final de él. El crítico superficial y el lector vano son los dos grandes enemigos del progreso; debemos evitarlos.
El verdadero crítico, por otra parte, nos aconsejará preservar lo que ya hemos adquirido y ajustar nuestra carrera desde ese punto al cual hemos llegado en el curso de nuestro progreso. Él nunca nos aconsejaría retroceder al punto de partida, porque sabe muy bien que en ese caso habría una inútil pérdida de nuestro valioso tiempo y trabajo. Él va a dirigir el ajuste del ángulo de nuestra carrera desde el punto donde nos encontramos. Ésa es también la característica del estudiante útil. Al leer a un autor antiguo detecta la posición exacta de éste en el campo del progreso del pensamiento. Él nunca propondría quemar un libro basándose en que contiene pensamientos inútiles. Ningún pensamiento es inútil; los pensamientos son medios a través de los cuales alcanzamos nuestros objetivos. El lector que denuncia un mal pensamiento ignora que incluso un camino malo puede mejorarse y convertirse en uno bueno. Un pensamiento es un camino que nos lleva a su vez a otro. De este modo, el lector se dará cuenta de que un pensamiento que hoy es el objetivo, mañana será el medio para un objetivo ulterior. Los pensamientos continuarán siendo necesariamente una serie interminable de medios y objetivos en el progreso de la humanidad. Los grandes reformadores afirmarán siempre que ellos no han aparecido para destruir la vieja ley, sino más bien para satisfacerla. Valmiki, Vyasa, Platón, Jesús, Mahoma, Confucio y Cheitanya confirman este hecho, ya sea expresamente o a través de su conducta.
Los temas de filosofia y teología son como las cúspides de imponentes e inaccesibles montañas situadas en medio de nuestro planeta incitando nuestra atención e investigación. Los pensadores y los hombres de profunda meditación hacen sus observaciones utilizando los instrumentos de la razón y de la conciencia. Sin embargo, mantienen diferentes puntos vista al desarrollar su trabajo. Estos puntos de vista son posiciones trazadas por las circunstancias  de su vida social y filosófica, que son muy distintas en las diferentes partes del mundo. Platón consideró la cima de la cuestión espiritual desde el Occidente y Vyasa hizo la observación desde el Oriente. Confucio la hizo del lejano Oriente y Schlegel, Spinoza, Kant y Goethe desde el lejano Occidente. Estas observaciones se hicieron en diferentes tiempos y por diferentes medios, pero la conclusión en todos los casos es la misma, debido en gran parte a que el objeto de observación era uno y el mismo. Todos ellos iban tras el Gran Espíritu, la incondicionada alma del universo. No podían menos que obtener una visión de ella. Sus palabras y expresiones son diferentes, pero su importancia es la misma. Ellos trataron de encontrar la religión absoluta y sus esfuerzos fueron coronados con el éxito, porque Dios da todo lo que Él tiene a sus hijos si ellos lo desean. Se requiere un corazón piadoso, imparcial, generoso y santo para sentir la belleza de sus conclusiones.
EL ESPÍRITU PARTIDISTA -ese gran enemigo de la verdad-, frustrará siempre el intento de la persona inquisitiva que trata de recabar la verdad de entre los trabajos religiosos de su nación, haciéndole creer que la verdad absoluta no existe más que en su viejo libro religioso. ¿Qué mejor ejemplo podría esgrimirse que el hecho de que el gran filósofo de Benarés no encontrase verdad ninguna en la hermandad universal del hombre y la común paternidad de Dios? El filósofo, pensando en su modo particular, no puede apreciar nunca la belleza de la fe cristiana. La forma en la cual Cristo pensó de su propio Padre fue de amor absoluto, y míentras el filósofo no adopte ese modo de pensar, permanecerá siempre privado de la fe absoluta que predicó el redentor occidental. Similarmente, el cristiano necesita adoptar el modo de pensar que el vedantista siguió, antes de que pueda amar las conclusiones del filósofo. Así, el crítico debe ser un alma comprensiva, buena, generosa, cándida, imparcial y favorablemente dispuesta.
“¿Qué cosa es el Bagavata (Srimad Bhagavatam)?” -pregunta el caballero europeo que acaba de llegar a la India-. Su compañero le dice con una mirada serena que el Bagavata es un libro que su empleado Oriya lee diariamente por las noches a un grupo de personas que escuchan. Contiene una monserga de literatura salvaje y poco entendible de esos hombres que se pintan la nariz con algo de tierra o sándalo, y usan cuentas sobre todo el cuerpo para procurarse la salvación.
Otro de sus compañeros que ha viajado un poco en el interior, inmediatamente lo contradice y proclama que el Bagavata es una obra en sánscrito que pertenece a una secta de hombres -los Goswamis-, que dan mantras como los Papas de Italia a la gente común de Bengala, y perdonan sus pecados a cambio de oro suficiente para costear sus gastos sociales. Un tercer caballero dará una tercera explicación. Ahora un joven bengalí, atado a los pensamientos e ideas inglesas y completamente ignorante de la historia pre-mahometana de su propio país, añadirá una explicación más diciendo que el Bagavata es un libro que cuenta la vida de Krishna, que era un hombre inmoral y ambicioso. ¡Esto se lo enseñó la abuela cuando él aún no iba al colegio! Así, el gran Bagavata permanece aún desconocido para los extranjeros, como lo era el elefante para los seis ciegos que lo tocaron en diferentes partes del cuerpo*. Sin embargo, la verdad es eterna y nunca es dañada por la ignorancia sino temporalmente.
EL BAGAVATA (Srimad Bhagavatam) por sí sólo nos explica qué es:
“Es el fruto del árbol del pensamiento (los Vedas) mezclado con el néctar del discurso de Sukadeva. Es el templo del amor espiritual ¡Oh, hombres piadosos! Beban con fervor este néctar del Bagavata repetidamente hasta que sean sacados de este cuerpo mortal”
El Garuda Purana menciona también: “El Bagavata se compone de 18.000 versos ( slokas). Contiene las partes mejores de los Vedas y el Vedanta. Cualquiera que haya probado su dulce néctar, jamás gustará de leer ningún otro libro religioso”.
Cualquier lector atento repetirá ciertamente esta eulogía. El Bagavata es preeminentemente el libro de la India. Una vez que entras en él, eres trasladado, como sí, al mundo espiritual donde la materia burda no existe. El verdadero seguidor del Bagavata es un hombre espiritual que ya ha cortado su conexión temporal con la naturaleza material y se ha vuelto un habitante de esa región donde Dios existe y ama eternamente.
Este poderoso trabajo está fundado en la inspiración; su superestructura es la reflexión. Para el lector común carece de atractivo y está colmado de dificultades. Por eso, estamos obligados a estudiarlo profundamente con la ayuda de comentaristas tan destacados como Sridar Swami y el divino Cheitanya y Sus seguidores contemporáneos.
Ahora bien, el gran predicador de Nadia que ha sido deidificado por Sus talentosos seguidores, nos dice que el Bagavata está basado en los cuatro slokas que Vyasa recibió de Narada, el más sabio entre los seres creados. Nos dice más adelante, que Brahmá penetró a  través de todo el universo material por años y años averiguando sobre la causa final del mundo, pero al no poder encontrarla fuera, miró dentro de la construcción de su propia naturaleza espiritual y allí oyó al Espíritu Universal hablarle con las siguientes palabras:
Srila Sukadeva Gosvami recitando el Srimad Bhagavatam a Maharaja Pariksit en una asamblea de santos en la orilla del Ganges.

¡Oh Brahma, toma! Te estoy dando el conocimiento de Mi propio ser y de Mis relaciones y fases que son por sí mismas difíciles de alcanzar. Tú eres un ser creado por lo que no es fácil para ti aceptar lo que te digo; por lo tanto, Yo bondadosamente te otorgo el poder de aceptar para que así puedas entender a libertad, Mi esencia, Mis ideas, Mi forma, Mis atributos y Mi acción, junto con sus varias relaciones con el conocimiento imperfecto. Yo existía en el principio antes de que todas las cosas espirituales y temporales fueran creadas. Una vez que han sido creadas Yo estoy en todas ellas en forma de su existencia y realidad. Por último, cuando desaparezcan, Yo permaneceré completo, tal como Era y como Soy. Todo aquello que parezca ser verdad sin ser un hecho real en sí, y todo lo que no pueda percibirse aunque sea verdadero, es un asunto de Mi ilusoria energía de la creación, tal como la luz y la oscuridad en el mundo material”.

Es difícil explicar lo anterior en pocas palabras. Se debe leer todo el Bagavata para su explicación. Cuando el gran Yyasa hubo efectuado el arreglo de los Vedas y los Upanisads, la terminación de los dieciocho Puranas con hechos recogidos de la tradición registrada y sin registrar de las distintas eras, la composición del Vedanta y el extenso Mahabarata -un poema épico muy célebre-, comenzó a reflexionar acerca de sus propias teorías y preceptos, y como el Fausto de Goethe, se dio cuenta que lo que hasta entonces había recabado no era la verdad realmente. Volvió a su propio ser y exploró su naturaleza espiritual, y fue entonces que la verdad anterior le fue comunicada para su propio bien y para el bien del mundo. El sabio percibió inmediatamente que sus obras anteriores requerían ser reconsideradas puesto que en mucho no contenían la verdad completa. En su nueva idea obtuvo el desarrollo de su idea anterior sobre la religión. Comenzó entonces el Bagavata en la búsqueda de este cambio. Por esta razón se espera que nuestros lectores descubran la posición que el Bagavata goza en la biblioteca de los trabajos teológicos hindúes.

TODA ESTA INCOMPARABLE obra nos enseña, de acuerdo con nuestro gran Cheitanya, las tres grandes verdades que componen la religión absoluta del hombre. Nuestro predicador de Nadia las llama Sambanda, Abideya y Prayójana; esto es: la relación entre el Creador y lo creado, el deber del hombre para con Dios y las expectativas de la humanidad. En estas tres palabras está contenido todo el océano del conocimiento humano hasta donde ha sido explorado en esta era de progreso de la humanidad. Estos son los puntos cardinales de la religión, y todo el Bagavata es, según lo enseñó Cheitanya, una explicación de estos tres puntos mediante preceptos y ejemplos.

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*Los Ciegos y el Elefante.
John G. Saxe.
Eran seis hombres del lndostán
Muy dispuestos a aprender,
Que fueron a ver al elefante
(Aunque ninguno podía ver),
Para que cada uno, con su
observación,
Se pudiera satisfacer.
El primero, al acercarse,
contra el elefante chocó,
Y tocando su amplio y fuerce
costado
 En seguida vociferó:
“¡Válgame Dios! Pero si el
elefante
Se parece mucho a un muro”.
El segundo, tocando el colmillo,
exclamó:
“¡Vaya! ¡Miren qué gracia!
¿Tan redondo, suave y agudo?
Para mi es muy claro:
Este maravilloso elefante
Es muy parecido a una lanza”.
El tercero se acercó al animal,
Y al tomarlo por la trompa
casualmente,
Ésta le onduló entre las manos,
Y él habló así, resueltamente:
“Ya veo -dijo él-, el elefante
Se parece mucho a una
serpiente”.
El cuarto alargó su ansiosa mano
Y lo tocó por la rodilla:
“A lo que más se parece
Esca bestia sorprendente
Está muy claro -dijo él,
sonando ronco-,
El elefante es como un tronco”.
El quinto que, por casualidad,
Le tocó la oreja, dijo:
“Aun el hombre más ciego
sabe a qué es más parecido;
¿Quién podría negarlo?
Este prodigio de elefante
Es como un gran abanico”.
Tan pronto el sexto
A la bestia palpó a tientas
Atrapó la cola inquieta
Lo que tenía más cerca.
“Ya veo -dijo él-, el elefante
Es muy parecido a una cuerda”.
Y así, estos hombres del
lndostán
Discutieron largo y tendido,
Cada cual en su propia opinión
Superando con fuerza y firmeza.
Aunque cada cual con algo de
cieno,
Y ninguno tenía razón.
Moraleja
Ocurre asi con frecuencia
En las guerras teológicas del
mundo.
Los contrincantes, yo digo,
Despotrican en completa
ignorancia
Acerca de lo que dicen los otros.
Y parlotean sobre un elefante
Al que ninguno de ellos ha
visto.

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