Śrī Śrī Kṛṣṇa Janmāṣṭamī: Aparición de Śrī Kṛṣṇa (ayuno completo hasta la media noche, después sin granos)

“El Nacimiento Divino de Kṛṣṇa”

De la página web: Gauīya Darśana.

28 de agosto 2013.

Śrīla Bhakti Rakaka Śrīdhara Dev-Gosvāmī Mahārāja describe la visión de Vasudeva en Mathurā.

Devoto: ¿Podría describir los detalles del nacimiento de Kṛṣṇa?

Śrīla Śrīdhara Mahārāja: En general, es algo así como una imitación. No es algo como las cosas que concebimos con nuestros sentidos materiales. Kṛṣṇa, un cuerpo espiritual, vino y se mostró naciendo físicamente. Era una imitación, un espectáculo, como un drama, una obra de teatro.

Devoto: ¿Kṛṣṇa apareció como un niño con cuatro brazos, o en su forma adulta de Viṣṇu con una corona y adornos?

Śrīla Śrīdhara Mahārāja: Cuando Él salió, ante los ojos de Vasudeva y Devakī, apareció con cuatro brazos y muchos adornos. Por su voluntad, la puerta de hierro de su celda se abrió, y aunque era temporada de lluvias, el Yamunā estaba poco profundo. Un chacal le mostró la ruta a Vasudeva, y él caminó a través de las aguas del Yamunā. Cuando regresó, la puerta de la celda se cerró tal como estaba anteriormente. Desde el punto de vista material, todos estos eventos sobrenaturales son inconcebibles e imposibles. Estos se llevaron a cabo sólo por la voluntad del Señor. El Señor no vino aquí a través de algun proceso material en particular, Él imitó el proceso material en la medida de lo posible.

Devoto: Entonces, ¿Kṛṣṇa nació con la forma adulta de Viṣṇu de cuatro brazos, no con una forma de bebé de cuatro brazos?

Śrīla Śrīdhara Mahārāja: Cuando Vasudeva estaba cerca de Devakī al momento del nacimiento, él vio la forma de Viṣṇu de cuatro brazos en plena madurez, decorado con adornos y comenzó a glorificarlo. Entonces esa forma de Viṣṇu le aconsejó a Vasudeva, “Hagan esto, esto, esto y eso.” Entonces el Señor se volvió un prākta śiśu, un bebé normal. Cuando Vasudeva vio al Señor, inicialmente vio una forma de cuatro brazos de Viṣṇu. Esa forma de Viṣṇu le dio algunos consejos a Vasudeva y luego asumió la forma de un niño ordinario. Vasudeva llevó a cabo las órdenes del Señor, llevó al niño a la casa de Nanda Mahārāja en Gokula.

Devoto: Mahārāja, Śrīla Viśvanātha Cakravartī Ṭhākura en su comentario dice que dos Kṛṣṇas aparecieron al mismo tiempo ¿No es cierto?

Śrīla Śrīdhara Mahārāja: Sí. Al mismo tiempo que esta forma de Viṣṇu de cuatro brazos se presentó ante Vasudeva, Yasoda dio a luz a un niño y a una niña. Los dos bebés estaban junto a Yaśodā cuando Vasudeva llegó, pero Vasudeva no pudo ver eso. De acuerdo a los consejos que había recibido del Señor, Vasudeva colocó al bebé que estaba en sus brazos al lado de Yaśodā y tan pronto como lo hizo, el bebé de Yaśodā absorbió al bebé de Vasudeva. Vasudeva solamente vio a la niña, y él la tomó y la puso al lado de Devakī. Después, como estuvo antes, la celda se cerró. En ese momento, un indicio llegó a los vigilantes, por lo que se reanimaron y, entonces, escucharon a un recién nacido llorar. Inmediatamente, informaron a Kaṁsa, quien llegó y se encontró que el bebé era una niña. Él se sorprendió, “¿Cómo es esto? Era el niño que nacería para matarme, pero esta es una niña. ¿También los dioses dicen mentiras? ¿Qué es esto?,” entonces le preguntó a Vasudeva: “¿Por qué el niño es una niña? Dame una explicación.” Vasudeva respondió: “Puedes ver al niño con tus propios ojos.” Kaṁsa se preguntó qué debía hacer, y entonces agarró a la niña de las piernas, y, como anteriormente había hecho con los otros niños de Devakī, golpeó a la bebé en la piedra. Sin embargo, la niña se deslizó de su mano, voló hacia el cielo, asumió la forma de ocho brazos de Kātyāyanī, y dijo: “El que te va a matar está creciendo en Gokula.” Entonces, ella desapareció. Kaṁsa se preguntaba qué debía hacer, y luego contrató a muchos espías para encontrar a todos los recién nacidos en Vṛndāvana. Primero, envió a Pūtanā paramatar a Kṛṣṇa. Ella hizo su servicio, pero el efecto produjo un camino opuesto. Agha, Baka, y todos los demonios que Kaṁsa secretamente ocupó para tratar de matar a Kṛṣṇa terminaron fracasando de esta manera.

¡Gaurahari Gaurahari Gaurahari, Nitāi Gauraharibol!

“La aparición del Divino Sol”

Para honrar el Śrī Janmāṣṭamī, presentamos un extracto de ‘Āmnāya-Tattva’ (La Verdad Revelada), en el cual Śrīla Govinda Mahārāja explica la naturaleza trascendental de la Aparición de Kṛṣṇa dentro de este mundo, así como también un par de versos del ‘Gopī-Gītā’, citados por Śrīla Govinda Mahārāja en esta sagrada ocasión.

Kṛṣṇa Mismo apareció en Su forma similar a la humana en este plano mundano al igual que otros Avatares. Pero la divina forma de Kṛṣṇa como la Hermosa Realidad siempre está presente eternamente en la morada espiritual de Goloka Vṛndāvana. En el ‘Śrīmad Bhāgavad-gīta’, Kṛṣṇa le dice a Arjuna:

janma karma ca me divyam
evaṁ yo vetti tattvataḥ
tyaktvā dehaṁ punar janma
naiti mām eti so ’rjuna
(Śrīmad Bhāgavad-gītā: 4.9)

«Arjuna, Mi nacimiento y muerte en este mundo no son como el nacimiento y la muerte de las personas ordinarias. Yo me muestro como ellas cuando aparezco, pero realmente Mi Aparición y Desaparición en el mundo material son como la salida y la puesta del sol. Yo existía antes de que apareciera y continúo existiendo después de desaparecer. Mi forma y aparición personales son divinos, divyam». Divyam significa aprāktam. Aprāktam significa que la forma divina del Señor Kṛṣṇa aparece como la forma de un hombre ordinario pero en realidad ella no está hecha de nada mundano; es una forma trascendental la cual es perfecta, positiva y eternamente existente en Goloka Vṛndāvana, el plano más alto de Vaikuṇṭha-loka. Quienquiera que entiende de esta manera la forma y aparición divinas del Señor Kṛṣṇa, será liberado del nacimiento y la muerte. De modo que es necesario entender apropiadamente que Su aparición y desaparición no son como el nacimiento y la muerte de la humanidad. Realmente ellos son como la salida y la puesta del sol. El sol no muere cuando cruza el horizonte, simplemente se retira de nuestra visión por un tiempo. Quienquiera que entiende la aparición y la desaparición divinas de Kṛṣṇa de esta manera, no solo se libera, también logra el servicio al Señor Kṛṣṇa en la morada trascendental. Kṛṣṇa Mismo le dio este conocimiento al mundo en el ‘Śrīmad Bhāgavad-gītā’.

Del Śrī Śrīmad-Bhāgavatam.

Canto: 10. El Súmmum Bonum.

Capítulo: 3. El Nacimiento del Señor Kṛṣṇa.

En este capítulo se explica que la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, Hari en Su forma original, Se manifestó como Viṣṇu para que Sus padres pudieran entender que su hijo era la Suprema Personalidad de Dios. Como tenían miedo de Kaṁsa, cuando el Señor manifestó la forma de un niño corriente, Le llevaron a Gokula, el hogar de Nanda Mahārāja.

Madre Devakī, que es completamente trascendental, sac-cid-ānanda, no pertenece al mundo material. La Suprema Personalidad de Dios Se manifestó con cuatro brazos, como si hubiera nacido de su vientre. Al ver al Señor en aquella forma de Viṣṇu, Vasudeva quedó completamente maravillado. Él y Devakī, llenos de felicidad trascendental, ofrecieron mentalmente diez mil vacas como caridad a los brāhmaas. Vasudeva ofreció entonces oraciones al Señor, dirigiéndose a Él en calidad de Persona Suprema, Parabrahman, la Superalma, que está más allá de la dualidad y que, externa e internamente, es omnipresente. Pese a ser el creador del mundo material, el Señor, la causa de todas las causas, está más allá de la existencia material. Cuando entra en el mundo en la forma de Paramātmā, es omnipresente (aṇḍāntara-stha-paramāu-cayāntara-stham), pero Su posición es trascendental. Para la creación, mantenimiento y aniquilación del mundo material, el Señor aparece en la forma de los gua-avatāras(Brahmā, Viṣṇu y Maheśvara). De ese modo, Vasudeva ofreció a la Suprema Personalidad de Dios oraciones llenas de significado. Después de su esposo, también Devakī ofreció oraciones explicando la naturaleza trascendental del Señor. Temerosa de Kaṁsa y deseando que el Señor no fuese descubierto por los ateos y no devotos materialistas, oró al Señor para que retirase Su forma trascendental de cuatro brazos y adoptase la forma de un niño corriente con dos brazos.

El Señor recordó a Vasudeva y Devakī otras dos encarnaciones en las que había nacido como hijo suyo. Él, que ya Se había manifestado como Pṛśnigarbha y Vāmanadeva, aparecía ahora por tercera vez como hijo de Devakī para satisfacer su deseo. El Señor decidió entonces salir de la residencia de Vasudeva y Devakī, en la prisión de Kaṁsa; en ese mismo instante, Yogamāyā nació como hija de Yaśodā. Por disposición de Yogamāyā, Vasudeva pudo salir de la prisión y salvar al niño de las manos de Kaṁsa. Cuando llevó a Kṛṣṇa a la casa de Nanda Mahārāja, Vasudeva vio que, por disposición de Yogamāyā, Yaśodā y todos los demás habitantes de la casa estaban profundamente dormidos. Vasudeva cambió los bebés, dejando a Kṛṣṇa en el regazo de Yaśodā y llevándose a Yogamāyā. A continuación, Vasudeva regresó a la prisión, llevando a Yogamāyā como hija suya. Después de acostar a Yogamāyā en la cama de Devakī, se dispuso a permanecer en prisión igual que antes. En Gokula, Yaśodā no podía recordar si su bebé había sido niño o niña.

— En el auspicioso momento de la venida del Señor, todo el universo estaba colmado de cualidades de bondad, paz y belleza. En el cielo apareció la constelación Rohiṇī, y también estrellas como Aśvinī. El Sol, la Luna y los demás planetas y estrellas irradiaban gran paz. Todas las direcciones presentaban un aspecto sumamente agradable, y hermosas estrellas titilaban en un cielo sin nubes. En la Tierra, decorada con ciudades, aldeas, minas y campos de pastoreo, todo eran buenos augurios. Las aguas de los ríos discurrían muy claras, y los lagos y grandes estanques, llenos de nenúfares y flores de loto, se mostraban en la plenitud de su belleza. En los árboles y plantas verdes, llenos de hojas y flores muy gratas para la vista, los cuclillos y otras aves, junto con los enjambres de abejas, cantaban dulcemente para satisfacer a los semidioses. Se dejaba sentir una brisa muy pura, plácida para el sentido del tacto y cargada con el aroma de las flores. A su paso, las llamas de los sacrificios de fuego, que los brāhmaṇas ocupados en ceremonias rituales habían encendido conforme a los principios védicos, ardían sin agitarse. Así, cuando el innaciente Señor Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios, estaba a punto de aparecer en el mundo, los santos y brāhmaṇas, que se habían visto perturbados por demonios como Kaṁsa y sus hombres, sintieron paz en lo más profundo de sus corazones, mientras en el sistema planetario superior resonaban timbales.

— Los kinnaras y los gandharvas comenzaron a cantar himnos auspiciosos, los siddhas y los cāraṇas ofrecieron oraciones auspiciosas, y las vidyādharīs y las apsarās se pusieron a bailar, llenas de júbilo.

— Los semidioses y grandes personas santas, muy alegres, derramaron lluvias de flores, y las nubes se reunieron en el cielo y tronaron mansamente, con un sonido como el de las olas del mar. Entonces, la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, que está en lo más profundo del corazón de todos, Se manifestó desde el corazón de Devakī como la Luna llena que surge en el horizonte oriental en la profunda oscuridad de la noche, pues Devakī pertenecía a la misma categoría que Śrī Kṛṣṇa.

— Vasudeva vio entonces al recién nacido, de maravillosos ojos de loto, que sostenía en Sus cuatro manos las cuatro armas: śaṅkha, cakra, gadā y padma. En Su pecho llevaba la marca de Śrīvatsa, y en el cuello, la resplandeciente joya Kaustubha. Vestido de amarillo, con el cuerpo negruzco como una nube cargada de lluvia, los cabellos sueltos y largos, con un yelmo y pendientes que despedían los extraordinarios destellos de la preciosa joya Vaidūrya, el niño, adornado con un cinturón brillante, brazaletes, ajorcas y otras alhajas, presentaba un aspecto maravilloso.

— Cuando Vasudeva vio a su extraordinario hijo, sus ojos no salían de su asombro. Lleno de júbilo trascendental, reunió mentalmente diez mil vacas y celebró un festival trascendental repartiéndolas entre los brāhmaṇas.

— ¡Oh, Mahārāja Parīkṣit, descendiente del rey Bharata!, Vasudeva comprendía que aquel niño era la Suprema Personalidad de Dios, Nārāyaṇa. Como no tenía la menor duda acerca de esa conclusión, quedó libre de todo temor. Postrándose con las manos juntas y concentrando su atención, ofreció oraciones al bebé, que iluminaba con Su influencia natural el lugar en que había nacido.

— Vasudeva dijo: Mi Señor, Tú eres la Persona Suprema. Tú estás más allá de la existencia material y eres la Superalma. Tu forma se puede percibir mediante el conocimiento trascendental, gracias al cual se puede entender que eres la Suprema Personalidad de Dios. Ahora comprendo Tu posición perfectamente.

— Mi Señor, Tú eres la misma persona que, en el comienzo, creó el mundo material mediante Su energía externa personal. Tras la creación de este mundo de tres guṇas [sattva, rajas y tamas], Tú pareces haber entrado en él, aunque en realidad no es así.

— En la energía material total, el mahat-tattva, no hay divisiones, pero, debido a las modalidades materiales de la naturaleza, parece dividirse en tierra, agua, fuego, aire y éter. Por la acción de la energía viviente [jīva-bhūta], esas energías separadas se combinan para hacer visible la manifestación cósmica, pero, de hecho, la energía total ya existe antes de la creación del cosmos. Por lo tanto, la energía material total nunca entra realmente en la creación. Del mismo modo, Tú, aunque manifiestas Tu presencia y nuestros sentidos Te perciben, en realidad los sentidos no pueden percibirte, y la mente y las palabras no pueden tener experiencia alguna de Ti [avāṅ-manāsa-gocara]. Con los sentidos podemos percibir algunas cosas, pero no todo; con los ojos, por ejemplo, podemos ver, pero no podemos probar los sabores. Por esa razón, Tú estás fuera del alcance de la percepción de los sentidos. Aunque estás en contacto con las modalidades de la naturaleza material, no Te ves afectado por ellas. Tú eres el factor primordial en todo, la Superalma omnipresente e indivisa. Para Ti, por lo tanto, no existe ni lo interno ni lo externo. Tú nunca has entrado en el vientre de Devakī; en verdad, Tú ya existías en él.

— Aquel que considera que su cuerpo visible, que es producto de las tres modalidades de la naturaleza, es independiente del alma, no conoce la base misma de la existencia, y es, por lo tanto, un sinvergüenza. Los que son sabios han rechazado esa conclusión, ya que, si se analiza detenidamente, es fácil entender que, sin el alma que les da fundamento, los sentidos y el cuerpo visible carecerían de sustancialidad. Pero, aunque los sabios rechazan esa conclusión, los necios la consideran real.

— ¡Oh, mi Señor!, la conclusión de los sabios eruditos en los Vedas es que Tú, que estás libre de todo esfuerzo, que no sufres la influencia de las modalidades de la naturaleza material, y que permaneces inmutable en Tu situación espiritual, eres quien lleva a cabo la creación, el sostenimiento y la aniquilación de toda la manifestación cósmica. En Ti, que eres la Suprema Personalidad de Dios, Parabrahman, no hay contradicciones. Debido a que las tres modalidades de la naturaleza material – sattva, rajas y tamas – están bajo Tu control, todo ocurre de forma natural.

— Mi Señor, Tu forma es trascendental a las tres modalidades materiales, pero, para mantener los tres mundos, Tú adoptas el color blanco de Viṣṇu en la modalidad de la bondad; para la creación, que está impregnada de la cualidad de la pasión, Te manifiestas rojizo; y al final, cuando es necesaria la aniquilación, que está impregnada de ignorancia, Te manifiestas negruzco.

— ¡Oh, mi Señor, propietario de toda la creación!, Tú has aparecido ahora en mi casa, con el deseo de proteger al mundo. Estoy seguro de que destruirás todos los ejércitos que se desplazan por la Tierra bajo el liderazgo de políticos que, a pesar de ir vestidos como gobernantes kṣatriyas, son en realidad demonios. Tú debes matarles para proteger al público inocente.

— ¡Oh, mi Señor, Señor de los semidioses!, después de escuchar la profecía de que Tú nacerías en nuestro hogar y le matarías, el incivilizado Kaṁsa ha matado a todos Tus hermanos mayores. Tan pronto como sus oficiales le informen de que Tú has nacido, se presentará aquí con sus armas para matarte.

— Śukadeva Gosvāmī continuó: Después de haber visto en su hijo todas las características de la Suprema Personalidad de Dios, Devakī, que tenía mucho miedo de Kaṁsa y estaba llena de asombro por lo inusual de la circunstancia, ofreció oraciones al Señor.

— Śrī Devakī dijo: Mi querido Señor, hay distintos Vedas, y en algunos de ellos se explica que Tú no puedes ser percibido ni con las palabras ni con la mente. Sin embargo, Tú eres el origen de toda la manifestación cósmica. Tú eres Brahman, lo más grande de todo, pleno de refulgencia como el Sol. Tú no tienes causa material, estás libre de cambio y de desviación, y no tienes deseos materiales. Los Vedas dicen, por ello, que Tú eres la sustancia. Por lo tanto, Tú, mi Señor, eres directamente el origen de todas las afirmaciones védicas. Quien llegue a comprenderte logrará, paso a paso, la comprensión de todo. Tú eres diferente de Paramātmā y de la luz del Brahman, y, al mismo tiempo, no eres diferente de ellos. Todo emana de Ti. En verdad, Tú eres la causa de todas las causas, el Señor Viṣṇu, la luz de todo conocimiento trascendental.

— Después de millones de años, en el momento de la aniquilación cósmica, cuando la influencia del tiempo destruye todo lo manifestado y lo no manifestado, los cinco elementos densos entran en el concepto sutil, y las categorías manifestadas entran en la sustancia no manifestada. En ese entonces, sólo Tú permaneces, y se Te conoce con el nombre de Ananta Śeṣa-nāga.

— ¡Oh, Tú, que inauguras la energía material!, esta maravillosa creación actúa bajo el control del poderoso tiempo, que se divide en segundos, minutos, horas y años. El factor tiempo, que se extiende durante muchos millones de años, no es sino otra forma del Señor Viṣṇu. Para realizar Tus pasatiempos, Tú actúas como controlador del tiempo, pero Tú eres la fuente de toda buena fortuna. Ofrezco mi más plena sumisión a Tu Señoría.

— En el mundo material no ha habido nadie que se haya liberado de los cuatro principios representados por el nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades, ni siquiera huyendo a otros planetas. Pero ahora que Tú has aparecido, Mi Señor, la muerte huye de Ti atemorizada, y las entidades vivientes que, por Tu misericordia, han logrado el refugio de Tus pies de loto, duermen con la mente llena de paz.

— Mi Señor, Tú disipas todos los temores de Tus devotos, y por ello Te pido que nos salves y nos protejas del terrible temor que Kaṁsa nos inspira. Los yogīs absortos en meditación pueden contemplar Tu forma de Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios. Por favor, haz que esa forma sea invisible para quienes la ven con ojos materiales.

— ¡Oh, Madhusūdana!, desde que has nacido me siento cada vez más angustiada y temerosa de Kaṁsa. Por favor, haz que ese pecador de Kaṁsa no llegue a saber que has nacido de mi vientre.

— ¡Oh, mi Señor!, Tú eres la Suprema Personalidad de Dios omnipresente, y Tu forma trascendental de cuatro brazos, que sostienen una caracola, un disco, una maza y una flor de loto, no es natural en este mundo. Por favor, retira esa forma [y vuélvete como un niño humano normal, para que pueda tratar de esconderte en algún lugar].

— En el momento de la devastación, todo el cosmos, que contiene a todas las entidades creadas, móviles e inmóviles, entra en Tu cuerpo trascendental y se sostiene en él sin dificultad. Pero ahora, esa forma trascendental ha nacido de mi vientre. La gente no podrá creerlo, y todos se reirán de mí.

— La Suprema Personalidad de Dios contestó: Mi querida madre, la más casta de las mujeres, en tu vida anterior, en el milenio svāyambhuva, tú te llamaste Pṛśni, y Vasudeva, que era el más piadoso prajāpati, se llamó Sutapā.

— Cuando el Señor Brahmā os ordenó que generaseis descendencia, primero os sometisteis a rigurosas austeridades controlando los sentidos.

— Mis queridos padres, vosotros soportasteis la lluvia, el viento, soles intensos, calores abrasadores y fríos terribles, padeciendo toda clase de incomodidades en el curso de las estaciones. Mediante el control de los aires del cuerpo con las prácticas yóguicas de prāṇāyāma, alimentándoos tan sólo de aire y de hojas secas caídas de los árboles, purificasteis vuestra mente de toda clase de suciedades. De ese modo, con el deseo de recibir Mi bendición, Me adorasteis con la mente serena.

— Empeñados en difíciles actividades de tapasya con conciencia de Mí [conciencia de Kṛṣṇa], pasasteis doce mil años celestiales.

— ¡Oh, intachable madre Devakī!, después de doce mil años celestiales, durante los cuales Me contemplasteis constantemente en lo más profundo del corazón, llenos de fe, de devoción y de austeridad, Yo Me sentí muy satisfecho con vosotros. Puesto que soy el supremo dispensador de bendiciones, aparecí ante vosotros en esta misma forma de Kṛṣṇa para ofreceros la bendición que deseaseis. Entonces expresasteis vuestro deseo de tener un hijo exactamente como Yo.

— Como marido y mujer que nunca habíais tenido hijos, os sentisteis atraídos por deseos sexuales, pues, por la influencia de devamāyā, el amor trascendental, queríais tenerme a Mí por hijo. Por esa razón, nunca deseasteis liberaros del mundo material.

— Después de daros esa bendición, Yo desaparecí. Entonces os entregasteis a la relación sexual para tener un hijo como Yo, y Yo satisfice vuestro deseo.

— Yo no encontré a nadie tan elevado como vosotros en lo que se refiere a la sencillez y a las cualidades que revelan un buen carácter, y por ello vine a este mundo en la forma de Pṛśnigarbha, «el que es famoso por haber nacido de Pṛśni».

— En el siguiente milenio volví a ser vuestro hijo. Vosotros fuisteis Mi madre, Aditi, y Mi padre, Kaśyapa. Fui conocido con el nombre de Upendra, y, por ser enano, recibí también el nombre de Vāmana.

— ¡Oh, madre supremamente casta!, Yo, esa misma personalidad, he aparecido ahora como hijo vuestro por tercera vez. Creed en la verdad de Mis palabras.

— Os he mostrado esta forma de Viṣṇu sólo para recordaros Mis nacimientos anteriores. De lo contrario, si hubiese aparecido como un niño humano corriente, no habríais creído que la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu, había nacido realmente.

— Vosotros dos, marido y mujer, pensáis constantemente en Mí como hijo vuestro, pero siempre sabéis que Yo soy la Suprema Personalidad de Dios. Por pensar constantemente en Mí con amor y cariño, obtendréis la perfección más elevada: iréis de regreso al hogar, de vuelta a Dios.

— Śukadeva Gosvāmī dijo: Después de dar estas instrucciones a Sus padres, la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, guardó silencio. A continuación, y en presencia de ellos, Se transformó en un bebé humano, en virtud de Su energía interna. [En otras palabras, recobró Su forma original: kṛṣṇas tu bhagavān svayam].

— A continuación, en el preciso momento en que Vasudeva, inspirado por la Suprema Personalidad de Dios, se disponía a sacar al recién nacido de la habitación en que había tenido lugar el alumbramiento, Yogamāyā, la energía espiritual del Señor, nació como hija de Mahārāja Nanda.

— Por la influencia de Yogamāyā, todos los guardianes y habitantes de la casa quedaron profundamente dormidos, con los sentidos imposibilitados para la acción. Tan pronto como sale el Sol, la oscuridad desaparece; del mismo modo, cuando aparecía Vasudeva, las puertas, fuertemente cerradas con cadenas y pasadores de hierro, se abrían una a una por sí solas para darle paso. Como en el cielo las nubes tronaban mansamente y dejaban caer su lluvia, Ananta-nāga, una expansión de la Suprema Personalidad de Dios, siguió a Vasudeva y al trascendental bebé desde la misma puerta de la prisión, con las capuchas extendidas sobre ellos para protegerles.

— Debido a la incesante lluvia enviada por el semidiós Indra, el río Yamunā llevaba un caudal profundo y turbulento, con espantosas olas y remolinos. Pero, del mismo modo que, en el pasado, el gran océano Índico había dejado paso al Señor Rāmacandra, permitiéndole construir un puente, el río Yamunā dio paso a Vasudeva y le permitió cruzar.

— Al llegar a casa de Nanda Mahārāja, Vasudeva vio que todos los pastores de vacas estaban profundamente dormidos. Entonces acostó a su hijo en la cama de Yaśodā y, llevándose a la hija de ésta, que era una expansión de Yogamāyā, regresó a su morada, la prisión de Kaṁsa.

— Vasudeva acostó a la niña en la cama de Devakī, volvió a encadenarse las piernas con grilletes de hierro, y permaneció allí como hasta entonces.

— Agotada por el esfuerzo del parto, Yaśodā estaba rendida de sueño y ni siquiera recordaba si había tenido un hijo o una hija.

Capítulo 4. Las Atrocidades del rey Kasa.

 Este capítulo explica que Kaṁsa, siguiendo el consejo de sus demoníacos amigos, consideró un asunto de la más pura diplomacia el exterminio de todos los recién nacidos.

Cuando Vasudeva se puso de nuevo los grilletes de hierro, todas las puertas de la prisión se cerraron por influencia de Yogamāyā, que empezó a llorar como una recién nacida. El llanto despertó a los carceleros, que informaron inmediatamente a Kaṁsa de que Devakī acababa de tener un hijo. Al conocer la noticia, Kaṁsa irrumpió violentamente en la sala en que había tenido lugar el parto, y, sin escuchar a Devakī, que suplicaba por la vida de su hija, se la arrebató de las manos y trató de estrellarla contra una roca. Sin embargo, para desgracia del demoníaco Kaṁsa, la recién nacida se le escapó de las manos, se elevó por encima de su cabeza, y apareció con la forma de ocho brazos de Durgā. Durgā dijo a Kaṁsa: «El enemigo al que temes ya ha nacido en otro lugar. Por lo tanto, tu plan de exterminar a todos los niños será inútil».

Según la profecía, sería el octavo hijo de Devakī el que matase a Kaṁsa. Por eso, al ver que el octavo hijo era una niña, y al escuchar que su supuesto enemigo ya había nacido en otro lugar, Kaṁsa no podía salir de su asombro. Entonces decidió liberar a Devakī y a Vasudeva, y reconoció ante ellos sus maldades y atrocidades. Postrándose a los pies de Devakī y Vasudeva, les pidió perdón y trató de convencerles de que no debían sentirse desdichados porque él les hubiera matado tantos hijos, ya que todo lo ocurrido lo había dispuesto el destino. Devakī y Vasudeva, que por naturaleza eran muy piadosos, perdonaron inmediatamente a Kaṁsa por sus atrocidades, y Kaṁsa, después de ver felices a su hermana y a su cuñado, regresó a su palacio.

Pasada la noche, Kaṁsa llamó a sus ministros y les informó de todo lo ocurrido. Los ministros eran todos demonios, y, teniendo en cuenta que el enemigo de Kaṁsa había nacido ya, y que lo había hecho fuera de la capital, aconsejaron a Kaṁsa que matase a todos los niños nacidos en las aldeas de su reino en los últimos diez días. Que los semidioses sintieran temor de Kaṁsa, no debía dar pie a una mayor condescendencia con ellos; como enemigos que eran, Kaṁsa debía hacer todo lo posible por exterminarlos. Además, dijeron los demoníacos ministros, la enemistad de Kaṁsa y los demonios hacia Viṣṇu debía continuar, pues Viṣṇu es la persona original entre los semidioses. Los brāhmaas, las vacas, los Vedas, la austeridad, la veracidad, el control de la mente y los sentidos, la fidelidad y la misericordia son partes constituyentes del cuerpo de Viṣṇu, que es el origen de todos los semidioses, y, entre ellos, del Señor Brahmā y el Señor Śiva. Por lo tanto, aconsejaron los ministros, era necesaria una persecución sistemática contra los semidioses, las personas santas, las vacas y los brāhmaas. Aconsejado así con insistencia por sus amigos, los ministros demoníacos, Kaṁsa dio el visto bueno a todas sus recomendaciones y consideró beneficioso sentir envidia de los brāhmaas. A continuación, siguiendo las órdenes de Kaṁsa, los demonios se dedicaron a cometer atrocidades por toda Vrajabhūmi.

— Śukadeva Gosvāmī continuó: Mi querido rey Parīkṣit, las puertas exteriores e interiores de la prisión quedaron cerradas como antes. En ese momento, todos los habitantes de la casa, y especialmente los encargados de la vigilancia, despertaron escuchando el llanto del recién nacido.

— Inmediatamente, los guardias corrieron a ver a Kaṁsa, el rey de la dinastía Bhoja, y le informaron del nacimiento del hijo de Devakī. Kaṁsa, que aguardaba esta noticia lleno de ansiedad, actuó sin perder ni un instante.

— Kaṁsa saltó inmediatamente de la cama, pensando: «¡He aquí a Kāla, el supremo factor tiempo, que ha nacido para matarme!». Obsesionado con esta idea, sin siquiera peinarse, Kaṁsa acudió inmediatamente al lugar en que había nacido el niño.

— Sin poder hacer otra cosa, Devakī suplicó lastimosamente a Kaṁsa: Mi querido hermano, te deseo toda buena fortuna. No mates a esta niña. Ella será tu nuera. En verdad, es indigno de ti matar a una mujer.

— Mi querido hermano, por la influencia del destino has matado ya muchos bebés, cada uno de ellos tan brillante y hermoso como el fuego. Pero, por favor, perdóname esta hija. Dámela como regalo.

— Mi señor, hermano mío, yo soy muy pobre, pues me he visto privada de todos mis hijos, pero, aun así, soy tu hermana menor. Por eso, sería digno de ti que me dejases esta última hija como regalo.

— Śukadeva Gosvāmī continuó: Abrazando a su hija y llorando de un modo que inspiraba compasión, Devakī suplicó a Kaṁsa que le diera aquel bebé, pero Kaṁsa era tan cruel que la reprendió y le arrebató violentamente el bebé de las manos.

— Kaṁsa, llevado de su intenso egoísmo, había roto todo vínculo con su hermana. Allí mismo, de rodillas, cogió a la recién nacida por las piernas y trató de aplastarla estrellándola contra la piedra.

— La niña, Yogamāyā-devī, la hermana menor del Señor Viṣṇu, se escurrió de las manos de Kaṁsa y apareció en el cielo en la forma de Devī, la diosa Durgā, con ocho brazos y perfectamente armada.

— La diosa Durgā estaba adornada con collares de flores, ungida con pasta de madera de sándalo y vestida con ropas de gran calidad, alhajas y piedras preciosas. En sus manos llevaba un arco, un tridente, flechas, un escudo, una espada, una caracola, un disco y una maza, y recibía la adoración de apsarās y kinnaras, uragas, siddhas, cāraṇas, gandharvas y demás seres celestiales, que le ofrecían adoración con toda clase de presentes. La diosa dijo lo siguiente.

— ¡Oh, necio Kaṁsa!, ¿de qué te servirá matarme? La Suprema Personalidad de Dios, que ha sido tu enemigo desde el mismo principio y que ciertamente te matará, ha nacido ya en otro lugar. Por lo tanto, no es necesario que sigas matando niños.

— Tras dirigir a Kaṁsa estas palabras, la diosa Durgā, Yogamāyā, se manifestó en muchos lugares, como Vārāṇasī, y fue conocida con diversos nombres, como Annapūrṇā, Durgā, Kālī y Bhadrā.

— Al escuchar las palabras de la diosa Durgā, Kaṁsa no podía salir de su asombro. Entonces se acercó a su hermana Devakī y a su cuñado Vasudeva y, liberándoles inmediatamente de sus cadenas, les habló con gran humildad.

— ¡Ay de mí, hermana mía! ¡Ay de mí, cuñado mío! Os he matado tantos hijos que, en verdad, soy tan pecaminoso como los caníbales [rākṣasas] que se comen a sus propios hijos.

— He sido tan cruel y despiadado que he abandonado a todos mis amigos y familiares. Por ello, como el que ha matado a un brāhmaṇa, no sé qué planeta me espera, ni después de la muerte, ni mientras aún respiro.

— ¡Ay de mí!, no sólo los seres humanos mienten, sino también a veces la providencia. Y por creer en aquella profecía de la providencia, yo, pecador de mí, he matado a tantos hijos de mi hermana.

— ¡Oh, grandes almas!, vuestros hijos han sufrido su propio infortunio. No os lamentéis por ellos. Todas las entidades vivientes se hallan bajo el control del Supremo, y no pueden vivir juntas siempre.

— En este mundo podemos ver que los recipientes, muñecos y otros productos de barro aparecen, se rompen y desaparecen, fundiéndose con la tierra. Del mismo modo, los cuerpos de todas las entidades vivientes condicionadas también son aniquilados, pero las entidades vivientes, como la tierra misma, son inmutables y nunca son destruidas [na hanyate hanyamāne śarīre].

— Aquel que no comprende la posición constitucional del cuerpo y del alma [ātmā] se apega demasiado al concepto corporal de la vida. En consecuencia, debido a ese apego por el cuerpo y sus subproductos, se siente afectado por la unión o la separación con respecto a su familia, su sociedad o su país. Mientras eso continúe, la persona permanece en la vida material. [De lo contrario, alcanza la liberación.]

— Mi querida hermana Devakī, te deseo toda buena fortuna. Todo el mundo sufre y disfruta de los resultados de sus actividades bajo el control de la providencia. Por eso, aunque has tenido la desdicha de que yo matase a tus hijos, te pido por favor que no te lamentes por ellos.

— Bajo la influencia del concepto corporal de la vida, permanecemos en tinieblas, carentes de autorrealización, y pensamos: «Me están matando», o: «Yo he matado a mis enemigos». Mientras persista en esa mentalidad de considerar que el ser mata o es matado, la persona necia sigue siendo responsable de sus obligaciones materiales, y, por consiguiente, sufre sus reacciones en forma de felicidad y aflicción.

— Kaṁsa suplicó: «Mi querida hermana, mi querido cuñado, vosotros, que sois personas santas, sed misericordiosos, por favor, con este pobre miserable. Por favor, perdonad mis atrocidades». Después de decir esto, Kaṁsa se postró a los pies de Vasudeva y Devakī, con los ojos llenos de lágrimas de arrepentimiento.

— Con plena fe en las palabras de la diosa Durgā, Kaṁsa dio muestra de su cariño familiar por Devakī y Vasudeva liberándoles inmediatamente de los grilletes de hierro.

— Al ver el sincero arrepentimiento de su hermano mientras explicaba los designios del destino, Devakī vio desvanecerse toda su ira. Vasudeva, que también se liberó de la ira, sonrió y dirigió a Kaṁsa las siguientes palabras.

— ¡Oh, Kaṁsa, gran personalidad!, sólo por la influencia de la ignorancia aceptamos el cuerpo material y el ego corporal. Lo que tú has dicho acerca de esta filosofía es correcto. Las personas que se hallan bajo la influencia del concepto corporal de la vida, carentes de autorrealización, establecen diferencias considerando que «Esto es mío» y «Eso pertenece a otro».

— Esas personas de visión separatista están imbuidos de las cualidades materiales de la lamentación, el júbilo, el miedo, la envidia, la codicia, la ilusión y la locura. Se hallan bajo la influencia de la causa inmediata y se esfuerzan por neutralizarla, pues no tienen conocimiento acerca de la causa remota, la causa suprema, la Personalidad de Dios.

— Śukadeva Gosvāmī continuó: Tras escuchar las palabras llenas de pureza de Devakī y Vasudeva, que se habían serenado totalmente, Kaṁsa se sintió complacido y, con su permiso, entró en palacio.

— Pasada aquella noche, Kaṁsa reunió a sus ministros y les informó de las palabras de Yogamāyā [que le había revelado que quien iba a matar a Kaṁsa había nacido ya en otro lugar].

— Tras escuchar la declaración de su señor, los envidiosos asuras, que eran enemigos de los semidioses y no eran demasiado expertos en sus tratos, aconsejaron a Kaṁsa de la siguiente manera.

— Si ésa es la situación, ¡oh, rey de la dinastía Bhoja!, hoy mismo empezaremos a matar en todas las aldeas, ciudades y campos de pastoreo, a todos los niños que hayan nacido desde hace diez días o un poco más.

— Los semidioses temen siempre el sonido de la cuerda de tu arco. Viven en constante ansiedad, temerosos de luchar. Siendo así, ¿qué daño podrán hacerte, aunque lo intenten?

— Heridos por las flechas que tú disparabas en todas direcciones, algunos de ellos, llenos de heridas pero deseosos de vivir, trataban de escapar huyendo del campo de batalla.

— Vencidos y despojados de todas sus armas, algunos semidioses abandonaron la lucha y te alabaron con las manos juntas, y otros, presentándose ante ti con los vestidos y el cabello sueltos, dijeron: «¡Oh, señor, sentimos verdadero miedo de ti!».

— Cuando los semidioses pierden sus cuadrigas, cuando olvidan cómo utilizar las armas, cuando sienten miedo o están apegados a algo que no tiene que ver con el combate, o cuando tienen los arcos rotos y han perdido la capacidad de luchar, Tu Majestad no les mata.

— Fuera del campo de batalla, los semidioses están siempre vanagloriándose inútilmente. Sólo entonces, cuando no hay guerra, pueden mostrar su poder. Por lo tanto, no tenemos nada que temer de ellos. En lo que se refiere al Señor Viṣṇu, siempre está recluido en lo más profundo del corazón de los yogīs, y en cuanto al Señor Śiva y al Señor Brahmā, el uno se ha marchado al bosque, y el otro está siempre ocupado en austeridades y meditación. Los demás semidioses, comenzando con Indra, no tienen ningún poder. Por lo tanto, no hay nada que temer.

— Sin embargo, siguen siendo enemigos, y, por ello, nuestra opinión es que no debes descuidarte. Por lo tanto, y para exterminarlos totalmente, ocúpanos en luchar contra ellos, pues estamos listos para seguirte.

— Como una enfermedad, que se complica y resulta imposible de curar si no se trata desde los primeros síntomas, o como los sentidos, que son imposibles de dominar si no se dominan desde un principio, un enemigo al que no se ataja desde el mismo comienzo, más tarde acaba por volverse invencible.

— Todos los semidioses se sustentan en el Señor Viṣṇu, que vive y es adorado allí donde estén los Vedas, o donde haya principios religiosos, cultura tradicional, vacas, brāhmaṇas, austeridades y sacrificios debidamente remunerados.

— ¡Oh, rey!, teniendo esto en cuenta, nosotros, que estamos de parte tuya en todos los aspectos, mataremos a los brāhmaṇas védicos, a las personas ocupadas en ofrecer sacrificios y austeridades, y a las vacas que dan leche, pues de ellas se obtiene la mantequilla clarificada necesaria para los sacrificios.

— Los brāhmaṇas, las vacas, el conocimiento védico, la austeridad, la veracidad, el control de la mente y los sentidos, la fe, la misericordia, la tolerancia y el sacrificio son las partes que forman el cuerpo del Señor Viṣṇu, y son los elementos propios de la civilización divina.

— El Señor Viṣṇu, la Superalma que está en el corazón de todos, es el enemigo supremo de los asuras, y por ello es conocido con el nombre de asura-dviṭ. Él es el líder de todos los semidioses, pues todos ellos, con el Señor Śiva y el Señor Brahmā, viven bajo Su protección. Las grandes personas santas, los sabios y los vaiṣṇavas también dependen de Él. Por lo tanto, la única manera de matar a Viṣṇu es perseguir a los vaiṣṇavas.

— Śukadeva Gosvāmī continuó: Así, tras reflexionar en las instrucciones de sus malvados ministros, Kaṁsa, que, como demonio, estaba atado por las leyes de Yamarāja y carecía de buena inteligencia, decidió perseguir a las personas santas, los brāhmaṇas, pues no veía otra forma de procurarse buena fortuna.

— Aquellos demonios, los seguidores de Kaṁsa, eran expertos en causar sufrimiento a los demás, y sobre todo a los vaiṣṇavas, y podían adoptar la forma que deseasen. Tras darles permiso para ir por todas partes hostigando a las personas santas, Kaṁsa entró en su palacio.

— Ebrios de pasión e ignorancia, sin saber lo que era bueno o malo para ellos, los asuras, a quienes aguardaba una muerte inminente, salieron en persecución de las personas santas.

— Mi querido rey, el hombre que persigue a las grandes almas perderá todo lo que haya recibido en forma de longevidad, belleza, fama, religión, bendiciones y elevación a los planetas superiores.

 

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