Rāma-ekādaśī (romper ayuno al dia siguiente, entre 07:42 y 11:33 a.m.).

“Montaña Mandarācala”

Mahārāja Yudhiṣṭhira dijo: “¡Oh, Janārdana! ¡Oh, protector de todos los seres vivientes!, ¿Cuál es el nombre del Ekādaśī que ocurre durante la quincena oscura del mes de Kārtika (Octubre Noviembre)? Por favor, impárteme este sagrado conocimiento.

El Supremo Señor contestó: “¡Oh, rey de reyes!, Por favor escucha, del Ekādaśī que ocurre durante el mes de Kartika que es llamado Rāma-ekādaśī. Este es el más auspicioso porque erradica al instante los más grandes pecados y otorga el pasaje para ir a la morada espiritual. Ahora te voy a narrar esta historia y sus glorias.”

Había una vez un famoso rey llamado Mucukunda, que tenía mucha amistad con el Señor Indra, el rey del cielo, y también con el señor Yamaraja, Varuna y Vibhīṣaṇa el hermano piadoso del demonio Rāvaṇa. Mucukunda siempre hablaba la verdad y constantemente me rendía Servicio Devocional. Debido a que él gobernó de acuerdo a los principios religiosos, no había ningún disturbio en su reino.

La hija de Mucukunda se llamaba Candrabhāgā y de acuerdo a las costumbres védicas, cerca de un río sagrado el rey dio en matrimonio a su hija y Sobhana el hijo de Candrasena fue el esposo destinado. Un día Sobhana visitó a su suegro en su palacio en un auspicioso día de Ekādaśī, esta visita hizo que la esposa de Sobhana, Candrabhāgā, se llenara de ansiedad porque sabía que su esposo era físicamente muy débil e incapaz de sobrellevar la austeridad de un largo día de ayuno.

Ella le dijo a él: “Mi padre es muy estricto en el cumplimiento del Ekādaśī que viene. En Daśamī, un día antes de Ekādaśī, él toca un gran timbal y anuncia: “Nadie deberá comer en Ekādaśī el día del Señor Hari.”

Cuando Sobhana escuchó el sonido del timbal le dijo a su esposa: “¡Oh, amada!, ¿Qué podré hacer ahora? Por favor dime, ¿Cómo puedo salvar mi vida y obedecer las estrictas normas de tu padre al mismo tiempo?.”

Candrabhāgā respondió: “Mi querido esposo en la casa de mi padre, nadie, ni siquiera los elefantes y caballos, que decir los seres humanos, no comen en Ekādaśī. A ninguno de los animales se les da su ración de granos, hojas, paja y hasta agua en Ekādaśī, el día del Señor Hari. ¿Cómo podrás tu escapar de este ayuno? Mi querido esposo si tú piensas comer algo, entonces debes salir de aquí inmediatamente; y ahora con firme convicción decide que hacer.”

El príncipe Sobhana respondió: “He decidido ayunar en este sagrado día de ayuno, cualquiera sea mi destino, este tendrá que suceder.” Diciendo esto, Sobhana intentó ayunar en este Ekādaśī, pero él se perturbó demasiado por la intolerablemente hambre y la excesiva sed. Finalmente el Sol se opuso al Oeste (ocaso) y el arribo de la auspiciosa noche hizo que todos los Vaiṣṇavas se pusieran muy felices.

“¡Oh, Yudhiṣṭhira!, Todos los devotos disfrutaban adorando al señor Hari y permanecieron despiertos durante toda la noche; pero el príncipe Sobhana se puso muy indispuesto y cuando el Sol se elevó nuevamente en Dvadasi, Sobhana había fallecido. El rey Mucukunda arregló el funeral de su yerno, ordenando formar una gran pira de leña reunida para el fuego y le instruyó a su hija Candrabhāgā no reunirse con su esposo en la pira del funeral. De ese modo, Candrabhāgā después de ejecutar todo el proceso purificatorio en honor de su esposo fallecido, ella continuó sirviendo en la casa de su padre.

El Señor Kṛṣṇa continuó: “¡Oh, mejor de los reyes!, Aun, cuando Sobhana murió por haber observado Rāma-ekādaśī, el mérito que logró lo capacitó para después de la muerte. En su próxima vida tomo el cuerpo de un soberano, de un reino en lo alto de la cima de una montaña llamada Mandarācala. Este reino era similar a una gran ciudad de semidioses; muy opulenta; con ilimitadas piedras preciosas incrustadas en las paredes de las construcciones.

Los pilares estaban hechos de rubíes y oro con diamantes que brillaban por doquier. Cuando el rey Sobhana sentado sobre su trono debajo de un inmaculado y blanco dosel, sirvientes abanicándole con frondosas colas de yak, la hermosa corona reposaba sobre su cabeza, hermosos pendientes adornaban sus orejas, un collar engalanaba su cuello y enjoyadas braceras y brazaletes rodeaban sus brazos. Él era servido por Gandharvas (cantantes celestiales) y Apsarās (bailarinas celestiales), realmente parecía un segundo Indra.

Un día, un brāhmaa llamado Somaśarma, que vivía en el reino de Mucukunda repentinamente fue a dar al reino de Sobhana mientras viajaba por diferentes lugares de peregrinaje. El brahmana lo vio a Sobhana en todo su resplandor de gloria y pensó que él podía ser el yerno de su propio rey Mucukunda. Cuando Sobhana vio al brahmana aproximarse, inmediatamente le dio la bienvenida. Después que Sobhana le ofreció sus respetuosas reverencias, le preguntó al brāhmaa acerca de la salud y el bienestar de su suegro, su esposa y todos los residentes de la ciudad.

Somaśarma respondió: “¡Oh, rey!, Todos los súbditos están bien en el reino de su padre y Candrabhāgā y todo el resto de familiares se encuentran completamente bien. La paz y prosperidad reinan en toda la tierra, pero ¡Oh rey! Me encuentro muy asombrado de encontrarte aquí. Por favor, dime acerca de ti, Nunca nadie ha visto aun, esta hermosa ciudad. ¿Dime cómo tú obtuviste esto?

El rey Sobhana dijo: “Debido a que observé Rāma-ekādaśī me ha sido concedida esta maravillosa ciudad para reinar. Pero toda esta grandeza es temporal. Te ruego que hagas algo para corregir esta deficiencia, como vez, es solo una ciudad efímera. ¿Cómo puedo hacer para que toda esta belleza y gloria sean permanentes? Por favor, instrúyeme. El brāhmaa le preguntó: ¿Por qué este reino es temporal y cómo puedo yo volverlo permanente? Por favor, explícame y trataré de ayudarte.

Sobhana le respondió: “Debido a que ayuné en Ekādaśī sin nada de fe, este reino es temporal. Ahora escucha como puede volverse permanente. Por favor, regresa donde Candrabhāgā, la hermosa hija del rey Mucukunda y dile lo que has visto y has comprendido acerca de este lugar y de mí. Seguramente si tú le dices esto a ella, mi ciudad se volverá pronto permanente.”

De esa forma, el brahmana retornó a su ciudad y le relató todo el episodio a Candrabhāgā, que se llenó de júbilo y asombro al escuchar estas noticias. Ella dijo: “¡Oh, brahmana!, ¿Es todo esto un sueño que tú has visto o es un hecho real?”

Somaśarma respondió: “¡Oh, princesa!, Yo he visto realmente a tu esposo cara a cara en su maravilloso reino que se parece mucho al reino de los semidioses. Pero él dice que todo su reino es temporal y que en cualquier momento se puede desvanecer en el aire. Por lo tanto, él está esperanzado de que tú puedas encontrar la manera de hacerlo permanente.”

Candrabhāgā dijo: “¡Oh, sabio entre los brahmanas!, Llévame inmediatamente donde mi esposo, porque lo que más deseo en este momento es verlo de nuevo. Con toda seguridad yo podré hacer que su reino se haga permanente, con el mérito que yo adquirí ayunando en cada Ekādaśī a lo largo de mi vida. Por favor, reúnenos otra vez. Se dice, que aquel que reúne a las personas separadas, obtiene grandes méritos.

Luego el brahmana Somaśarma llevó a Candrabhāgā al refulgente reino de Sobhana. Antes de llegar allí, sin embargo, ellos se detuvieron al pie de la Montaña Mandarācala, en el sagrado asrama de Vamana Deva. Luego de oír su relato, Vamana Deva cantó himnos védicos y esparció agua bendita sobre Candrabhāgā. Por la influencia de los ritos del gran Ṛṣi, el mérito que ella había acumulado por haber ayunado muchos Ekādaśīs, hizo que su cuerpo se hiciera trascendental. Ella quedo extática y sus ojos brillaban de asombro y Candrabhāgā continuó con su viaje.

Cuando Sobhana vio a su esposa aproximarse a él, en lo alto de la Montaña Mandarācala, se llenó de júbilo y la llamó con desbordante felicidad. Después de que ella había llegado, él se sentó a su izquierda y ella le dijo a él: “¡Oh, querido esposo!, Por favor escucha algo que te voy a decir y te beneficiará grandemente. Desde que tuve ocho años de edad, he ayunado con regularidad y devoción durante cada Ekādaśī, si te transfiero todo este mérito que he acumulado, tu reino con toda seguridad se volverá permanente y su prosperidad crecerá hasta la llegada de la devastación.”

El Señor Kṛṣṇa continuó: “¡Oh, Yudhiṣṭhira!, De esta manera Candrabhāgā que se hallaba bellamente decorada con los finos ornamentos y además tenía un exquisito cuerpo trascendental, podía al fin disfrutar de paz y felicidad en compañía de su esposo. Por la potencia Rāma-ekādaśī, Sobhana encontró su reino en la cima de la colina Mandarācala, capaz de dar cumplimiento a todos sus deseos y otorgándole permanente felicidad. Tal como se logra con Kāmadhenu, la vaca cumplidora de deseos.”

“¡Oh, el mejor de los reyes!, Te he narrado las glorias de Rāma-ekādaśī. Aquel que observe los sagrados Ekādaśīs, ya sea los de las quincenas brillantes u oscuras de cada mes, sin lugar a dudas será liberado de las reacciones del pecado de matar a un brahmana. Uno no debe diferenciar entre los Ekādaśīs de la quincena brillante y oscura de cada mes. Como nosotros hemos visto, ambos pueden otorgar placer en este mundo y liberar hasta las almas más caídas y pecaminosas. Así como las vacas, ya sean estas blancas o negras dan leche de la misma calidad, los Ekādaśīs de la quincena obscura y la brillante otorgan el mismo gran grado de mérito y por último lo liberan a uno del ciclo de nacimientos y muertes.

Cualquiera que escuche las glorias de este sagrado día, Rāma-ekādaśī, será liberado de toda clase de pecado y alcanzará la Suprema morada del Señor Viṣṇu.

De ese modo termina la narración de las Glorias de Kārtika Kṛṣṇa-ekādaśī o Rāma-ekādaśī de ‘Brahmā-vaivarta Purāa’.

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