Mokṣada-ekādaśī (romper ayuno al dia siguiente entre 7:06 y 10:43 a.m.).

“Parvata Muni y Nārada Muni”

Mahārāja Yudhiṣṭhira dijo: “Oh, Viṣṇu, Amo de todo; Oh, deleite de los tres mundos; Oh, Señor del Universo; Oh, Creador del Mundo; Oh, la más antigua personalidad; Oh, el mejor de todos los seres; Yo te ofrezco mis más respetuosas reverencias.”

“Oh, Señor de Señores para beneficio de todas las entidades vivientes, bondadosamente responde algunas preguntas que Yo tengo. ¿Cuál es el nombre del Ekādaśī que ocurre durante la quincena brillante del mes de Mārgaśīrsa que remueve todos los pecados? ¿Cómo puede uno observar este ayuno apropiadamente? Y ¿Cuál es la deidad para adorar en este Santo Día? ¡Oh, Señor!, Por favor explícame esto a plenitud.”

Señor Śrī Kṛṣṇa dijo: “¡Oh, Yudhiṣṭhira!, Tú pregunta es muy auspiciosa y te traerá fama. Justamente, como previamente te relate las glorias del Utpanna Mahā-Dvadasi que ocurre durante la quincena oscura del mes de Mārgaśīrsa, que es el día en que Ekādaśī-Devī apareció de mi cuerpo para matar al demonio Mura y para beneficio de cada cosa animada e inanimada en los tres mundos, así ahora, Yo te relataré del Ekādaśī que ocurre durante la quincena clara del mes de Mārgaśīrsa. Este Ekādaśī es famoso como Mokṣada-ekādaśī, porque este purifica al devoto fiel de todo pecado y le confiere la liberación. La Deidad adorable para este día es el Señor Dāmodara, con toda dedicación uno debe adorarlo con incienso, lámpara de ghī, flores y una Tulasī-mañjari (capullos).

“¡Oh, mejor de los reyes!, Por favor escucha como Yo te narro la antigua y auspiciosa historia de este Ekādaśī. Simplemente por escuchar esta historia uno puede lograr el mérito de ejecutar un sacrificio de caballo. Por la influencia de este mérito, los antepasados de uno, padres, hijos y otros parientes quienes han ido al infierno, pueden ir al cielo. Solo por esta razón, ¡Oh, rey!, Tú deberás escuchar cuidadosamente esta narración.”

“Había una vez una hermosa ciudad llamada Campaka-nāgara, el cual estaba decorada con devotos Vaiṣṇavas. Allí gobernaba el mejor de los reyes santos, Mahārāja Vaikhānasa, cuidaba a sus súbditos como si ellos fueran sus propios hijos e hijas. Los brāhmaas en esa capital eran todos expertos en las cuatro clases del conocimiento védico. El rey mientras gobernaba apropiadamente, un día tuvo un sueño en una noche, en el cual soñaba que su padre estaba sufriendo las angustiosas torturas en un planeta infernal. El rey estaba abrumado de compasión y lágrimas.

A la mañana siguiente, Mahārāja Vaikhānasa, describió su sueño a su concilio de brāhmaas. El rey dijo: “¡Oh, brāhmaas!, En un sueño, la noche pasada, Yo vi a mi padre sufriendo en un planeta infernal, él estaba gritando. ¡Oh, hijo!, Por favor libérame de este tormento del infierno.” Ahora Yo no tengo paz y ni siquiera este maravilloso reino se ha vuelto tolerante para mí. Ni siquiera mis caballos, elefantes, carrozas, me dan satisfacción y mi vasto tesoro no me da placer.”

“¡Oh, brāhmaa!, ¿Adónde puedo ir, y qué puedo hacer para aliviar esta miseria? Mi cuerpo se está quemado con pena y dolor. Por favor díganme, ¿Qué clase de caridad, qué modo de ayuno, qué austeridad o qué clase de meditación, debería yo hacer para liberar a mi padre de su agonía y conferir liberación incluso a mis antepasados? ¡Oh, mejor de los Brahmanas!, ¿Cuál es la utilidad de ser un poderoso hijo si el padre sufre en un planeta infernal? Verdaderamente, la vida de tal hijo es completamente inútil.”

Los brāhmaas nacidos por segunda vez dijeron: “¡Oh, Rey!, En la montaña de nuestro bosque, no lejos de aquí, está el aśrama donde el gran Santo Parvata Muni reside. Por favor anda donde él, ya que él conoce el pasado, presente y futuro de cada cosa y puede seguramente ayudarte en tu miseria.”

Después de escuchar el concejo, el rey inmediatamente salió para el asrama del famoso sabio Parvata Muni. El aśrama era muy grande y muchos sabios expertos en cantar los sagrados himnos de los cuatro Vedas estaban presentes (2). Acercándose al sagrado aśrama, el rey observó a Parvata Muni sentado entre los sabios como otro Brahmā, el creador sin nacimiento.

Mahārāja Vaikhānasa ofreció sus humildes reverencias al Muni, inclinando su cabeza y luego postrando completamente su cuerpo entero. Después de que el rey se había sentado, el mismo Parvata Muni le preguntó acerca de las siete ramas de su extendido reino (3). El Muni le preguntó si su reino estaba libre de problemas y si cada uno estaba pacífico y feliz. A las preguntas, el rey respondió: “Por tu misericordia, ¡Oh, glorioso sabio!, Todas las siete ramas de mi reino están muy bien. Pero hay un problema que recientemente ha surgido y para resolverlo yo he venido a ti. ¡Oh, brāhmaa!, Por vuestra experta guía.”

Entonces Parvata Muni, el mejor de todos los sabios cerró sus ojos y meditó en el pasado, presente y futuro del rey. Después de unos pocos momentos abrió sus ojos y dijo: «Tu padre está sufriendo el resultado de cometer un gran pecado y yo he descubierto cual es. En su vida pasada él reñía con su esposa cuando él disfrutaba sexualmente durante su periodo menstrual. Aun así, ella trató de resistir su deseo sensorial y gritaba: “¡Alguien por favor sálveme!, Por favor, Oh esposo, no interrumpas mi periodo menstrual.” Aun así no la dejaba sola. Este es un pecado grave y debido a esto es que tú padre ha caído a la condición infernal”.

El rey Vaikhānasa entonces dijo: “¡Oh, Gran Sabio!, ¿Por qué proceso de ayuno o caridad podría yo liberar a mi querido padre de tal condición? Por favor dígame ¿Cómo puedo remover la carga de su reacción pecaminosa?, el cual es un gran obstáculo en su progreso hacia la liberación última.

Parvata Muni contestó: “Durante la quincena brillante del mes de Mārgaśīrsa ocurre un Ekādaśī llamado Mokṣada. Si tú observas este sagrado Ekādaśī estrictamente con un ayuno completo y le entregas a tu sufrido padre el mérito que tú obtengas, él será liberado de su dolor e instantáneamente será liberado”.

Escuchando esto, Mahārāja Vaikhānasa profundamente agradecido con el gran sabio, retorno a su palacio.

¡Oh, Yudhiṣṭhira!, cuando la brillante quincena del mes de Mārgaśīrsa llegó, Mahārāja Vaikhānasa fiel y perfectamente observó el Ekādaśī con su esposa, hijos y otros parientes. Él debidamente le dio el mérito de su ayuno a su padre y cuando le entrego los resultados de su ayuno, bellas flores llovieron del cielo. El padre del rey fue luego alabado por los mensajeros de los semidioses y fue escoltado a las regiones celestiales. El padre al pasar por el reino de su hijo, le dijo al rey: “Mi querido hijo, todo lo auspicioso sea para tí.” Por último él alcanzó el Reino Celestial.

“¡Oh, hijo de Pandu!, Quien quiera que estrictamente observe el sagrado Mokṣada-ekādaśī, siguiendo las reglas y regulaciones establecidas, logra completa y perfecta liberación después de la muerte. No hay mejor ayuno que este Ekādaśī de la quincena brillante de la Luna de Mārgaśīrsa, Oh Yudhiṣṭhira, pues este es un día como un cristal claro y libre de pecado”.

Quien quiera que fielmente observe este ayuno de Ekādaśī, es igual que una Cintāmaṇi (una gema que cumple todos los deseos) obtiene especial mérito que es muy difícil de calcular. Pues este día puede elevar a uno a los planetas celestiales y más allá de la perfecta liberación.”.

De ese modo termina la narración de las glorias de Mārgaśīrsa-ekādaśī o Mokṣada-ekādaśī del ‘Brahmānanda-purāa’.

Notas:

1.- Cuando Ekādaśī cae en Dvadasi, los devotos aún lo llaman a éste, Ekādaśī.

 2.- Los cuatro vedas son: Sāma, Yajur, Ṛg. y Atharva.

 3.- Las siete ramas o secciones de un reino son: el mismo rey, sus ministros, sus tesoros, sus fuerzas militares, sus aliados, los brāhmaas, los sacrificios ejecutados en su reino y las necesidades de sus súbditos.

 4.- Si una persona observa el ayuno en Ekādaśī por la muerte de un pariente que está sufriendo en el infierno, por el mérito así logrado lo hace apto al antepasado de dejar el infierno y entrar al reino celestial, donde él puede practicar Servicio Devocional a Kṛṣṇa, a Viṣṇu y regresar al Supremo. Pero aquel que observa Ekādaśī por su propio avance espiritual, él mismo va al Supremo y nunca retorna al mundo material.

 

Comentarios