Antya-khanda Capítulo uno La reunión en la casa de Advaita Acharya

 

 

Yo adoro a los dos hermanos, Sri Chaitanya y Sri Nityananda, quienes han descendido a este mundo como los supremos controladores. Han aparecido en formas encubiertas como las personificaciones de la misericordia.

Oh, Señor, eres la verdad eterna —no condicionada por el pasado, el presente y el futuro— y, sin embargo, ahora has aparecido como el hijo de Sri Jagannath Misra. Ofrezco mis reiteradas reverencias a Ti y a Tus íntimos sirvientes, Tus devotos puros, Tus hijos (Tus discípulos Goswamis y el proceso devocional del canto de los Santos Nombres del Señor Krisna), y a Tus consortes (Sri Bhu Devi, quien apareció como Sri Visnupriya; Sri Devi, quien apareció como Sri Laksmipriya, y Sri Lila Devi, también conocida como Nila o Durga, quien manifestó Nabadwip Dham), y a los dos Gadadharas (uno es Gadadhar Pandit, la expansión de Srimati Radharani; y el otro es Sri Gadadhar Bhatta del Sur de la India, quien es Ranga Devi), y a Damodar, Narahari, Ramananda, Jagadananda y a todos Tus ilimitados asociados.

Todas las glorias a Sri Krisna Chaitanya, el amado Señor de Laksmi Devi, la Diosa de la Fortuna. Sri Nityananda le es muy querido.

Todas las glorias al Señor de Vaikuntha, el mejor entre todos los sannyasis.

Todas las glorias a Sus ilustres devotos. Sri Gaurachandra, eres el amigo de las almas caídas, por favor, coloca Tus pies de loto sobre el trono de mi corazón.

Por favor, escuchen con atención los temas descritos en el Antya-khanda, el cual trata acerca de las actividades del Señor después de que tomó sannyas y cuando viajó hacia Jagannath Puri.

La noche de Su iniciación de sannyas, el Señor Chaitanya permaneció en Katwa. Inmediatamente después de conpletar la ceremonia de sannyas, el Señor le pidió a Mukunda que cantara. Él se levantó y empezó a bailar vigorosamente. Los devotos circundaron al Señor y se le unieron en coro. El Señor de inmediato fue dominado por el éxtasis. Mientras bailaba, experimentó una respiración intensa, risas, transpiración, temblores, erizamiento del vello, y Su voz rugió. Luego, con una voz como la del trueno y como el rugido de un millar de leones, Él se precipitó al suelo. El impacto de Su caída conmocionó a todos los espectadores. El kamandalu salió volando de Su mano hacia un lado y la danda de sannyas fue en otra dirección. El Señor estaba extasiado y enloquecido por el amor a Sí Mismo. Luego, bailando y dando vueltas, fue hacia Su Guru y lo abrazó con viva satisfacción.

En el misericordioso abrazo del Señor, Keshava Bharati quedó colmado de amor extático. Él empezó a bailar, cantar y hacer piruetas extáticamente. Similarmente, su kamandalu y danda también volaron de su puño. Él se olvidó del mundo externo. Embriagado por el Krisna-prema, rodó por el suelo, inconsciente de que sus ropas ya no cubrían apropiadamente su cuerpo. El Señor se sintió complacido de ver a Keshava Bharati en semejante éxtasis. Ellos bailaron juntos, produciendo en los devotos raptos de éxtasis. Los devotos apreciaron esta extraordinaria escena mediante un canto vociferante del Santo Nombre.

Ofrezco mis reverencias a los pies de Sri Keshava Bharati, el más firme y fiel de los sannyasis, pues bailó con el Señor Supremo, cuya asociación incluso difícilmente obtienen los Vedas personificados. Él es Guru del Señor de la entera e ilimitada creación. La noche pasó rápido mientras el Guru y su discípulo bailaban juntos.

Al amanecer, el Señor pidió permiso a Su Guru para irse, diciendo: «Entraré a la selva, y allí encontraré al Señor de Mi corazón, Sri Krisnachandra». Su Guru contestó: «Te acompañaré y disfrutaré Contigo del éxtasis del sankirtan». El Señor misericordiosamente le permitió acompañarlo y le pidió que caminara al frente, mientras Él lo seguía por detrás.

Mientras el Señor se preparaba para salir, abrazó a Chandrashekar Acharya y empezó a llorar fuertemente. El Señor Chaitanya dijo: «Por favor, lleven de vuelta a casa a todos los Vaisnavas y díganles que he partido para la selva. Por favor, regresen sin el más leve remordimiento. Siempre soy un prisionero del corazón de ustedes. Ustedes son Mi padre y Yo, soy Su hijo. Ustedes son Mis eternos asociados». Luego, el Señor partió. Chandrashekhar Acharya se vio abrumado por fuertes emociones y cayó inconsciente. Nadie puede entender la potencia inconcebible del Señor y, por lo tanto, Chandrashekhar incluso en ese estado de insoportable dolor por la separación pudo mantenerse vivo.

Después de un rato, cuando recuperó su conciencia, Chandrashekhar Acharya partió para Nabadwip. Allí, le informó a todos que el Señor había entrado a la selva usando Su ropa de sannyas. Las noticias trajeron un dolor profundo a todos los devotos y ellos gritaron en la tortura de la separación. El efecto devastador de las noticias se esparció e intensificó.

Advaita Acharya, adormecido por el dolor, gritó: «¡No puedo vivir!» y cayó inconsciente. Los gritos desgarradores de los devotos pudieron haber derretido el corazón más cruel. Sachidevi se quedó inmóvil como un muñeco de madera en un silencio como el de una roca, impactada por la noticia. Las otras damas cayeron al suelo llorando lastimosamente. Advaita Acharya, recobrando su conciencia exclamó: «¿Qué otra utilidad hay para esta vida ahora que mi Señor se ha ido? Me arrojaré en el Ganga, y si ustedes me lo impiden, lo haré en la oscuridad de la noche».

El punzante dolor de la separación dejó a todos agitados y melancólicos. Se sentían enfermos, intranquilos y dispuestos a terminar su vida. Aunque esos devotos eran personas graves y eruditas, ahora se encontraban muy angustiados y con sus mentes perturbadas.

Mientras los devotos se disponían a poner fin a su vida y su insoportable miseria, repentinamente una voz celestial atrajo su atención: «Oh, Advaita Acharya y todos ustedes devotos, no estén tristes, continúen adorando a Krisna con felicidad. Su Señor y amo regresará en unos cuantos días y estará de nuevo entre ustedes. Por lo tanto, no piensen en abandonar su cuerpo, pues van a estar con el Señor así como antes». Al escuchar este mensaje celestial, los devotos olvidaron sus planes de quitarse la vida y se sentaron alrededor de Sachidevi cantando las glorias del Señor.

Gaurachandra, el mejor de los sannyasis viajaba ahora con Nityananda, Gadadhar y Mukunda en dirección al occidente, cantando todo el tiempo el Santo Nombre. En frente del Señor iban Keshava Bharati y atrás de Él iba Govinda. Caminando como el rey de la selva, el Señor era seguido por miles de personas que lloraban. Todos caminaron pisoteando la espesa selva, sin dejarse intimidar.

Lleno de compasión, el Señor se volteó hacia ellos y dijo: «Todos ustedes, vayan a casa y canten el Santo Nombre de Krisna. Que sean pronto bendecidos para tener a Krisna como el invaluable regalo de su vida. Que esa melosidad devocional que desean Shiva, Brahma, Sukadev Goswami y otras grandes personalidades, aparezca en su corazón». Los devotos manifestaron en voz alta su aprecio y alegría y regresaron a su hogar como si estuvieran en un trance.

El Señor llegó al distrito de Radhadesh y bendijo toda la región. Este distrito es muy apacible, con árboles asvatthama en todas partes. Las vacas pastaban tranquilamente en la hermosa natural escena, y el Señor al ver eso empezó a bailar dichosamente. Los devotos rápidamente se reunieron alrededor de Él, cantando y palmoteando. El Señor cantó: «¡Hari! ¡Hari!» con una voz rugiente que tronó por el universo, y quienquiera que la escuchó se purificó de su contaminación material. De esta manera, Él bendijo a los residentes del distrito de Radhadesh, bailando todo el camino.

El Señor dijo: «Quiero permanecer en el bosque cerca de la Deidad Vakreshvar. Allí, se está tranquilo y solitario». Luego, continuó Su camino acompañado de Sus seguidores, bailando y cantando extáticamente. Los residentes locales salieron corriendo para ver al Señor y a Su maravilloso baile. Aunque nunca antes se había sido llevado a cabo sankirtan en esa área y nadie siquiera había visto los efectos del Krisna-prema manifiestos en un devoto, ahora ellos ofrecieron reverencias al Señor mientras Él bailaba y lloraba en éxtasis. Esta fue una experiencia extraordinaria para ellos.

Entre ellos hubo unos cuantos pecadores caídos, quienes preguntaron: «¿Porqué llora tanto?» Sin embargo, incluso esas almas caídas se vieron afectadas por la escena y por la misericordia del Señor ellas empezaron a rodar por el suelo, llorando. Ahora todo el universo hacía eco al nombre del Señor, sin embargo, unos cuantos se rehusaron a cantar. Cualquiera que esté en contra del canto del nombre de Señor es ciertamente el peor tipo de pecador. Finalmente, al final del día, el Señor, junto con todos Sus seguidores llegó a una aldea y pasó la noche en la casa de un bráhmana piadoso.

Allí, el Señor tomó Su comida y se fue a dormir. Los devotos se durmieron alrededor del Señor; sin embargo, justo unas horas antes del amanecer, Sri Chaitanya, en silencio, se escabulló del resto de los devotos y salió con rumbo desconocido. Cuando los devotos se despertaron la siguiente mañana, vieron que faltaba el Señor. De nuevo, ellos fueron arrastrados por olas de desolación y melancolía y empezaron a llorar amargamente. Lo buscaron por todas partes preguntado a cada uno en la aldea, pero sin resultado. Ellos dejaron los caminos y senderos y se metieron a los campos.

El Señor estaba absorto en el éxtasis trascendental del amor por Krisna. Caminó en medio de las amplias praderas, lloró y gimió fuertemente. Él gritó en voz alta: «¡Oh, Krisna! ¡Mi Señor! ¡Mi padre!» El Señor de Vaikuntha, el Señor Supremo de todas las entidades vivientes, y el mejor de los sannyasis, lloró intensamente. Él gritó tan fuertemente que podía ser escuchado a muchas millas de distancia. Los devotos, buscando al Señor bastante lejos de donde Él se encontraba, escucharon ese llanto fuera de lo ordinario. Empezaron a seguir el sonido y pronto vieron al Señor llorando intensamente. Viendo a su amado Señor llorando, los devotos también empezaron a llorar. Finalmente, Mukunda empezó a cantar. Cuando el Señor escuchó el kirtan, empezó a bailar, y todos los devotos rodearon a su Señor y felizmente se unieron al kirtan. El Señor entonces continuó Su viaje hacia el oeste, bailando a lo largo del camino, con los devotos que lo seguían, cantando el kirtan.

Cuando ellos estaban a solo ochos millas de Vakreshvar, el Señor decidió cambiar el rumbo. Él se volteó y se dirigió hacia el Oriente, todavía absorto en el éxtasis del baile. Él estaba lleno de dicha y riendo para Sí. Finalmente, reveló el misterio detrás de Su risa y del cambio de rumbo. Él dijo: «Estoy yendo a Nilachala, Puri, debido a que el Señor Jagannath me ha ordenado: “¡Debes venir de inmediato a Puri!”» Los devotos se sintieron aliviados al enterarse del plan del Señor.

Nadie puede conocer cómo obra la mente del Señor, salvo Sus devotos íntimos, y entonces solo por Su misericordia pueden ellos conocer Sus deseos más secretos. ¿Quién puede entender porqué el Señor primero pensaba ir a Vakreshvar y luego porqué finalmente no fue? Parecía que el Señor con un artificio fue para purificar a los residentes de Radhadesh con Su presencia. No hubo ninguna otra razón para que fuera a Radhadesh.

Ahora, el Señor viajaba hacia el Ganga, el cual yacía a la distancia. Él siempre estaba absorto en el éxtasis del amor por Krisna, con todo, Él vio que los residentes de las tierras que estaba atravesando no tenían interés en la vida devocional. Nadie cantaba el Santo Nombre de Krisna; el Krisna-kirtan les era extraño. Dolido, el Señor dijo: «¿Por qué vine a esta región donde nunca cantan el Santo Nombre de Krisna? Este ha sido un grave error por el cual debo abandonar Mi vida».

Justo entonces pasó un grupo de pequeños muchachos que andaban pastoreando sus vacas. Uno de ellos era muy piadoso, y súbitamente empezó a cantar el nombre de Krisna. El Señor se sintió sumamente feliz de escuchar el Santo Nombre de los labios de ese jovencito. Alegremente disfrutó ese momento, y dijo: «Estos últimos días pasé por muchas aldeas y en ninguna parte fue cantado el nombre de Krisna. Repentinamente ahora, sin esperarlo, un jovencito está cantando el Santo Nombre. Dime, ¿cuál es la razón?»

El Señor preguntó: «¿Qué tan lejos de aquí está el Ganga?» Los devotos respondieron: «Aproximadamente a una hora de aquí». El Señor continuó hablando: «Esta es la grandeza de la Madre Ganga. Debido a su influencia, uno escucha aquí el canto del nombre de Krisna. Las brisas del Ganga han purificado este lugar». Glorificando al Ganga de esta manera, el Señor incrementó en cada uno la reverencia por ella. El Señor dijo entonces: «Hoy me purificaré por completo en el Ganga». Luego, comenzó Su camino.

El Señor caminó con el ritmo y gracia de un león enloquecido y los devotos corrieron para alcanzarlo. El ansia del Señor para ver a Gangadevi apresuró Sus pasos y los devotos hallaron imposible mantener el ritmo con Él. Solo el Señor Nityananda, quien también caminaba como un león, lo acompañaba. Llegaron a las riberas del Gangadevi temprano al atardecer. Sri Chaitanya y Sri Nityananda entraron con gusto en sus aguas y se bañaron enteramente, alabando efusivamente al Ganga con selectos versos. Bebieron sus refrescantes aguas y le ofrecieron reverencias.

El Señor oró: «Oh, Gangadevi, tus aguas son la ambrosía del amor por Krisna. El Señor Shiva está familiarizado con la verdad acerca de ti. Tu potencia es tal que la mera pronunciación de tu nombre invoca el servicio devocional al Señor Supremo, y el resultado de beber tu agua es milagroso. Por tu misericordia, las entidades vivientes adquieren un gusto por cantar el Santo Nombre de Krisna. Debido a tu influencia, incluso las bestias salvajes y los pájaros que viven cerca de tus aguas se vuelven más afortunados que las personas que viven lejos de ti. Nadie es más potente que tú para purificar los pecados. En verdad, has descendido a este plano material para liberar a las almas caídas. No hay nadie igual a ti».

Cuando el Señor glorificó a Gangadevi de esta manera, ella se avergonzó, pues la glorificación provenía de Él, cuyos pies son el origen mismo de ella. Cuán maravillosa es la Encarnación de la Divinidad Suprema en la forma de Sri Chaitanya. Aquel que escucha con fe estos versos en alabanza a Gangadevi ciertamente desarrollará apego por Sri Chaitanya.

Esa noche, el Señor y Nityananda Prabhu se quedaron en la casa de un virtuoso bráhmana. Al siguiente día, el resto de los devotos llegó y se encontró con Sri Chaitanya. Juntos, ellos procedieron ahora hacia Nilachala, Puri. Sri Chaitanya dijo a Nityananda Prabhu: «Mi querido magnánimo Prabhu Nityananda, debes partir de inmediato hacia Nabadwip. Shrivas Pandit y los demás devotos están gravemente afectados por Mi partida. Debes aliviar su dolor. Llévales este mensaje Mío que en Mi camino a Nilachala estaré esperándolos en Shantipur, en la casa de Advaita Acharya. Tráelos de inmediato hasta allí. Voy a ir a Phuliya para visitar a Haridas». Enviando a Nityananda, Sri Chaitanya se dirigió a la aldea de Phuliya.

Después de enviar a Nityananda Prabhu, Sri Gaurasundar viajó hacia Phuliya con alegría. Nityananda absorto en la dicha del amor por Krisna fue hacia Nabadwip. Él estaba muy embriagado con las melosidades del amor extático. Su voz resonaba como un trueno. Estaba inundado de éxtasis como un león enloquecido. Sus Pasatiempos son trascendentales a toda regla y regulación.

A veces se detenía por un rato bajo un árbol kadamba tocando encantadoras melodías en una flauta, parado como Krisna, con su cuerpo flexionado en tres lugares. Cuando veía a unas vacas pastando cerca, rodaba por el suelo, y luego moviéndose como un ternero, chupaba leche de las vacas. A veces, comenzaba a bailar mientras caminaba, inconsciente de Sus alrededores, siempre inmerso en la dicha.

En otras ocasiones, se sentaba en el camino y lloraba tan amargamente que le dolería a uno verlo en esa condición. Luego, repentinamente podía dejar de llorar y empezaba a sacudirse con carcajadas. Después, tomaría la tela que cubría Su cuerpo y la usaría para envolver Su cabeza, quedándose desnudo.

En otras ocasiones, sentiría el humor de Ananta Shesha. Haciendo movimientos como los de una serpiente, entraría en las aguas del Ganga, flotaría y nadaría con gracia en la corriente. Las potencias del Señor Nityananda son inconcebibles, trascendentales y misteriosas. Su ilimitada compasión no tiene paralelo en los tres mundos.

Sri Nityananda nadó por el Ganga todo la ruta hasta Nabadwip, en donde salió a la ribera, y replegando Su humor interno dentro de Sí, fue directamente hacia la casa del Señor. Lo que vio le dolió enormemente. Sachidevi había estado ayunando por completo durante doce días. Permanecía con vida solo por la fuerza de su servicio devocional. Estaba completamente impregnada del humor de Madre Yashoda de suspirar por su hijo, y las lágrimas caían de sus ojos como lluvia. A quienquiera que veía, le preguntaría ansiosamente: «¿Eres de Mathura? ¿Qué noticias hay de Krisna y Balaram?» y se desmayaba en una dicha espiritual extática. Luego, gradualmente, empezaría a hablar de nuevo: «¡Oigan! Puedo escuchar Sus flautas y cuernos. ¿Viene Akrura a recogerlos?» De esta manera, inmersa en el humor de una separación intensa, ella había olvidado por completo sus necesidades físicas.

Nityananda cayó a los pies de Sachi, ofreciendo Sus reverencias. Los devotos le dieron una entusiasta bienvenida, pero Su presencia solo intensificó su anhelo en ellos, y empezaron a llorar. Madre Sachimata gritó: «¡Mi hijo! ¡Mi querido niño!», y se desmayó. Los devotos sintieron una oleada de emociones que rasgaba su corazón. Ellos abrazaron a Nityananda, y fueron bañados por Sus lágrimas de éxtasis. Él los tranquilizó y les dio las buenas noticias.

Él dijo: «Deben venir de inmediato, el Señor nos espera en la casa de Advaita Acharya en Shantipur. He venido aquí para llevarlos hasta allí». Los devotos, quienes estaban débiles y delgados debido a extrañar intensamente al Señor, ahora recibieron una nueva vida. Ellos jubilosa y fuertemente cantaron el nombre de Krisna.

Sachidevi no había tocado comida o agua en doce días, desde que Nimai dejó su casa para tomar sannyas. Su vida fue sostenida únicamente por pensamientos acerca de Nimai. Nityananda, no soportaba ver la condición de ella. Él le reconfortó con suaves palabras: «Nada te es desconocido acerca de las misteriosas actividades de Krisna. ¿Qué conocimiento puedo darte acerca de Krisna? No agobies tu corazón con el abatimiento. Incluso los Vedas personificados no pueden recibir la gracia y la buena fortuna que ya está en tu posesión, pues el supremo objetivo buscado por los Vedas es tu hijo. Él es la vida y alma de cada entidad viviente y esa misma Suprema Personalidad ha aceptado toda responsabilidad espiritual y material relativa a ti. Él hizo esta promesa con Su mano sobre Su pecho. El Señor siempre sabe qué es lo mejor para cada uno. Simplemente debes entregar todo a Sus pies y vivir feliz y tranquilamente. Ahora, madre, por favor, cocina para la satisfacción de todos los devotos, pues esto es servicio devocional a Krisna. Todos están ávidos de saborear tu cocinar. Si permaneces ayunando, entonces Krisna también tiene que ayunar. Estoy extremadamente deseoso de disfrutar las ofrendas que tú preparas para Krisna».

Las dulces palabras de Nityananda fueron como un refrescante bálsamo para su afligido corazón. Ella se levantó y fue a hacer los arreglos necesarios para cocinar. Primero, le dio de comer a Nityananda Prabhu y luego a todos los Vaisnavas. Cuidadosamente vio que todos estuvieran completamente satisfechos y luego ella se sentó para comer. Los devotos sintieron alivio al ver a Sachidevi romper su ayuno de doce días.

Vivificados por el prasad, los Vaisnavas, junto con Nityananda Prabhu, se prepararon para salir y reunirse con su amado Señor. Ahora los residentes de Nabadwip ya estaban enterados de los pormenores de la ceremonia de sannyas de Nimai. El maravilloso nombre de sannyas del Señor, Krisna Chaitanya, tuvo un efecto milagroso en ellos. Ellos cantaron en voz alta del nombre del Señor y lo glorificaron.

Cuando la gente de Nabadwip se enteró que el Señor se encontraba en ese momento en la aldea de Phuliya, ellos se alegraron y decidieron ir y verlo allí. Viejos, jóvenes, hombres, mujeres y niños todos corrieron de prisa hacia Phuliya cantando jubilosamente: «¡Hari! ¡Hari!» Esos ateos y criticones que previamente habían lanzado injurias contra el Señor ahora estaban ávidos de llegar con sus amigos a Phuliya. Ellos dijeron: «Él nació en Nabadwip, pero Su verdadera identidad permaneció en secreto. Por ignorancia, difamamos Su trabajo y misión espiritual. Ahora debemos caer a Sus pies y pedir perdón. Solo entonces serán absueltas todas nuestras ofensas».

Miles de personas fueron en tropel hacia el embarcadero. Los lancheros se vieron en un dilema, pues cada uno quería ser el primero y ellos no podían cruzar el río sobrecargados con gente. Por lo tanto, muchos encontraron sus propios medios para cruzar el río. Algunos cruzaron en pequeños botes, otros, flotando sobre grandes ollas que eran usadas como recipientes para agua. Otros más usaron balsas hechas de troncos del árbol de plátano. Incluso mujeres embarazadas se arriesgaron a la multitud y el atropello. Respirando pesadamente por el esfuerzo, ellas simplemente cantaron el nombre de Sri Chaitanya y de alguna manera hicieron el viaje. Para el ciego y el lisiado, el camino se volvió súbitamente amplio y fácil solo por recordar el nombre de Chaitanya. Un bote que llevaba cientos se vio imposibilitado de llegar a la otra orilla y se volcó en medio del río. Esto, por supuesto, no disuadió a la gente. Ellos jubilosamente cantaron el nombre del Señor y flotaron río arriba. El corazón de la gente estaba tan infectado de alegría que parecía que ellos realmente flotaban en un océano de regocijo divino.

Aquellos que no sabían cómo nadar parecieron milagrosamente haberse vuelto flotantes. Por la gracia del Señor, ellos también fueron capaces de cruzar el río sin dificultad. El cielo retumbó con los extáticos sonidos del Santo Nombre. La gente solo tenía un pensamiento en mente —llegar a Phuliya—. Desatendiendo todo confort y necesidad corporal, ellos se unieron al canto masivo con un despreocupado y feliz abandono. Sus fuertes gritos de «¡Hari! ¡Hari! ¡Hari! ¡Hari!», hicieron eco en la bóveda de la creación cósmica mientras se acercaban a Phuliya.

Este maravilloso sonido de muchísimas personas cantando llegó hasta el Señor y Él salió para recibirlos. La gente lo vio y se quedó sin aliento. Su espléndia apariencia como un sannyasi y Su extraordinaria hermosa cara, la cual eclipsaba la belleza de millones de lunas, fueron una memorable visión para todos. El Señor estuvo continuamente cantando el Santo Nombre mientras lágrimas de éxtasis caían en cascadas por Sus mejillas.

Todos cayeron al piso para ofrecer sus reverencias. La gente cayó, una encima de la otra, en su fervor de mostrar respeto a su Señor. No se preocuparon si hubo espinas en el piso. Todos estuvieron infinitamente felices. Levantaron sus manos y oraron al Señor para obtener Su protección y refugio, gritando: «¡Sálvanos! ¡Sálvanos!» La aldea de Phuliya estuvo atestada con millones de personas que quedaron cautivadas por el infinitamente encantador rostro del Señor. Los campos y caminos se desbordaron de gente, quienes se olvidaron de regresar a sus casas, pues al menos por un momento, contemplaron el benigno rostro lustroso del Señor.

El Señor los bendijo a todos con Su misericordiosa mirada y procedió hacia Shantipur. Cuando llegó a la casa de Advaita, Advaita Prabhu cayó a los pies de loto de Su amado Señor. Él empezó a llorar, aliviado del miserable dolor por la separación. Permaneció postrado, Sus brazos enrollados alrededor de los pies de loto del Señor, los cuales bañó con Sus lágrimas de amor. Finalmente, Sri Chaitanya se inclinó y levantó a Advaita Acharya para abrazarlo cálidamente. Advaita, ahora empapado por las extáticas lágrimas del Señor, cayó de nuevo a Sus pies de loto en una perturbación espiritual. El Señor, calmándose y calmando a Advaita, se sentó mientras el hogar de Advaita vibraba con un sonoro regocijo.

Achyutananda era el hijo de Advaita. Él era un pequeñito, encantador y refulgente, dotado de una extraordinaria inteligencia y una influencia suprema. Desnudo como es usal para esa edad y cubierto de polvo, Achyutananda llegó corriendo para recibir al Señor. Su gran fortuna era la de ser el hijo de Advaita. Él estaba dichoso y sonriente pues conocía la identidad del Señor Chaitanya, y cayó a los pies del Señor con pleno respeto. El Señor lo tomó amorosamente en Sus brazos a pesar del polvo embarrado en su pequeño cuerpo.

El Señor dijo: «Achyuta, tú sabes que Advaita Acharya es también Mi padre, lo que nos hace hermanos». El pequeño Achyuta resondió: «Tú eres el amigo bienqueriente de todas las entidades vivientes. Los Vedas describen que eres el padre original de todos». Esto complació y divirtió enormemente al Señor, y Él sonrió con complicidad. Los Vaisnavas se quedaron asombrados con las palabras de Achyuta. Ellos dijeron: «Estas palabras no son los simples balbuceos de un niño sino que realmente conllevan un profundo significado. Achyuta debe ser una gran personalidad».

En ese momento, Nityananda Prabhu llegó con todos los devotos e íntimos sirvientes del Señor que venían de Nabadwip. Cuando los devotos vieron a su querido Señor, Shrivas Pandit y los demás empezaron a cantar fuertemente y cayeron planos en el suelo ofreciendo oraciones y lágrimas a los pies de loto del Señor. Estos devotos eran tan preciados al Señor como Su vida misma y Él amorosamente los abrazó a cada uno de ellos. Los devotos gritaron del dolor por la separación. Sus gritos purificaron la tierra entera. Escuchar el llanto de los devotos puros en amor por Krisna puede cortar de tajo el cautiverio del nacimiento y la muerte de todas las entidades vivientes. Esta maravillosa oportunidad estaba ahora al alcance de todos por la misericordia del Señor Chaitanya. Incluso el Señor Brahma muy rara vez recibe ese favor.   

Al ver nuevamente a Sus amados asociados de Nabadwip, después de lo que parecía una larga ausencia, Sri Krisna Chaitanya empezó a bailar intensamente, saturado del amor extático a Sí Mismo, pues solo Él es el Señor Supremo. Los devotos empezaron a cantar y el Señor los animó con fuertes exclamaciones: «¡Canten! ¡Canten!» El Señor cogió a Nityananda Prabhu de la mano y giró alrededor con alegría extática.

Sigilosamente, Advaita Acharya llegó desde atrás y tocó los pies del Señor, colocando el polvo sobre Su cabeza. Las posturas del Señor al bailar eran encantadoras. Simultáneamente, Él manifestó todos los diversos síntomas de la perturbación devocional con llanto, temblor, erizamiento del vello, risa, etc. Los movimientos y matices de los miembros y diversas partes de Su trascendental cuerpo fueron la elocuente composición de una poesía de amor divino. Con Sus brazos levantados en regocijo y el canto del nombre del Señor, cautivó a los devotos y los sumergió en un océano de inefable dicha.

Los devotos recién apenas habían sido privados de la presencia de su Señor y ahora, por Su misericordia, el estar de nuevo en Su compañía fue ciertamente una causa de extrema euforia y celebración. Ellos rodearon a su Señor, bailaron y brincaron, ignorando todo lo demás. Ellos cayeron el uno sobre el otro, golpeándose el uno contra el otro, y rodaron por el suelo, untando su cuerpo con el polvo de los pies del otro. Uno presionó los pies del otro contra su pecho, y ellos quedaron saturados de dicha, con lágrimas incontenibles de alegría que fluyeron de sus ojos. Los devotos no pudieron contener la felicidad de haber recuperado a su amado Señor y Amo. Ver al Señor de Vaikuntha bailando libre de toda preocupación con Sus asociados fue en verdad una escena extraordinaria.

Por encima de los sonidos del baile, resonó el canto del nombre del Señor, fuerte y claro: «¡Haribol, Haribol, Haribol, hermanos!» La casa de Advaita Acharya retumbó con risas de alegría, de lo cual solo Nityananda Prabhu conoció su confidencial misterio.

Luego, el Señor tomó a los devotos, uno tras otro, y los abrazó a todos con amor. Habiendo recibido el abrazo del Señor de Vaikuntha, los devotos quedaron expecialmente embriagados de éxtasis. Mientras, ellos como leones rugían estrepitosa y continuamente el nombre de Hari; su condición enloquecida incrementaba cada vez más. Mientras el Señor bailaba con Sus asociados, la Madre Tierra pareció mecerse e inclinarse bajo el peso de Sus pies de loto.

El muy refulgente Nityananda Prabhu bailó alrededor del Señor con gran entusiasmo. Advaita bailó en éxtasis y gritó rugiendo fuertemente. Cada uno se agarraba de los pies de quien podía atrapar. Ese fue el éxtasis manifestado en Nabadwip en esos alegres Pasatiempos de baile y canto.

Después de un rato, Sri Gauranga Mahaprabhu dejó de bailar y entrando en un humor de Señoría divina, se sentó en el trono de Sri Vishnu.

Los devotos, con las palmas de las manos juntas, lo rodearon con gran respeto y reverencia, mientras el Señor empezaba a revelar Su verdadera identidad como el Señor Supremo. Él dijo: «Yo soy Krisna, Rama, Narayan y Matsya. He asumido estas Encarnaciones y otras. Soy Kurma, Varaha, Vamana, Buda, y seré Kali. Soy Prishnigarbha y Hayagriva, el Supremo Señor de Señores. Soy la luna de Nilachala, el Señor Jagannath y soy Kapila y Nrishimha. Todas las entidades vivientes visibles e invisibles son Mis sirvientes. Los Vedas recitan mis trascendentales excelencias, y soy servido por los innumerables sistemas planetarios. Soy el Tiempo, que lomdestruye todo, excepto a Mis devotos. Todos los peligros son erradicados simplemente por recordarme. De esta manera, Yo rescaté a Draupadi de la gran vergüenza e insulto público. También salvé a los Pandavas de la trampa de fuego en la casa construida con laca. Protegí a Shiva al aniquilar al terrible demonio Vrikasura. Liberé a Mi sirviente, Gajendra, el elefante, del mortal e insoportable sufrimiento. Defendí a Prahlad de todas las torturas. Protegí a los niños pastores de vacas de toda clase de daños y ataques. Batí el Océano de Leche para extraer el néctar de la inmortalidad. Privé a los demonios de ese néctar y se lo di a los semidioses, ayudándolos así a conseguir la victoria. Destruí al odioso demonio Kamsa, quien estaba amenazando a Mis devotos. Terminé con el rey demonio, Ravana, destruyendo toda su raza. Levanté la Colina de Govardhan con Mi mano izquierda.

»Aparecí en Satya-yuga para propagar la práctica de la austeridad y la meditación, y en Treta-yuga para introducir la ejecución de sacrificios. En Dvapara-yuga, Mi propósito fue establecer los procedimientos correctos para la adoración en el templo. Actualmente, en Kali-yuga, he venido para divulgar el canto congregacional de los Santos Nombres de Krisna. Incluso los Vedas fracasan en enumerar todas Mis Encarnaciones. En Kali-yuga, por participar en este movimiento de sankirtan, toda alma sincera probará el néctar del Krisna-prema. Esta es la razón de Mi aparición en este yuga. Toda la literatura védica instruye al alma indagadora a que busque Mi refugio, pero Yo únicamente seré encontrado en la compañía de los devotos entregados. Ellos son todo para Mí —padre, madre, amigo, hermano e hijo—. Aunque soy absolutamente independiente, Mi naturaleza es ser cautivado por el amor puro que Mis devotos tienen por Mí. Todos ustedes son Mis eternos asociados. Todas Mis Encarnaciones existen únicamente para el placer y la protección de ustedes. Deben saber por cierto que no puedo permanecer siquiera por un momento desprovisto de la asociación de ustedes».

Debido a la misericordia sin causa que concede a Sus devotos y a todas las entidades vivientes, el Señor reveló este conocimiento confidencial acerca de Él Mismo. Los devotos se llenaron de júbilo. Cayeron postrados al piso, ofreciendo reverencias. Ellos estuvieron tan emocionados devocionalmente que no pudieron decir nada. Ofrecieron oraciones y rodaron por el suelo, saboreando la máxima ambrosía del Krisna-prema. Los asociados del Señor se encontraban ahora saturados del néctar divino; sus previas tristezas por hallarse separados del Señor ahora estaban curadas. El compasivo Señor es experto en aliviar la aflicción de cada uno, por lo tanto, ¿porqué la sufrida humanidad no toma refugio en el Señor? Sri Gaurachandra es un océano de misericordia. Él siempre descarta los lamentables errores del alma y solo ve su bondad.

Después, replegando Su humor de suprema opulencia y absoluta autocracia, el Señor regresó a Su ser normal, tranquilo y sereno y dirigió a todos hacia el Ganga para bañarse. Él jugó y saltó con los devotos, en el agua. Al regresar, regó la planta de Tulasi y la circunvaló, indicando a los devotos que lo acompañaban que deberían seguir Sus actividades. Luego, todos ellos fueron a la sala de adoración, ofrecieron reverencias a Sri Vishnu y circunvalaron al Señor. Sri Gaurahari llamó a todos, y se sentaron juntos para comer. El Señor se sentó al lado de Nityananda entre los felices y alegres devotos. El Señor era el centro de atracción de todos, con Su sonriente rostro y Su dorado cuerpo cubierto con pasta de sándalo. La escena de los devotos, sentados alrededor de Sri Krisna Chaitanya con Sri Nityananda Prabhu al lado de Él, era una réplica exacta de Krisna y Balaram sentados en el bosque de Vrindavan rodeados de Sus amigos, los niños pastores de vacas, teniendo un día de campo con Su almuerzo traído de casa. ¿Quién puede describir ese maravilloso evento?

Tan pronto como el Señor terminó y se levantó, los devotos saltaron y tomaron los remanentes de Su plato. Incluso los ancianos actuaban como niñitos; tal es la transformación que ocurre debido al contacto con la potencia divina del Señor.  

Sri Krisna Chaitanya y Nityananda Prabhu son mi vida y alma. Yo, Vrindavan Das, humildemente ofrezco este canto a Sus pies de loto.

 

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